Launchorasince 2014
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Sonata: Blitzkrieg


Suenan las brisas en mi puerta.

No recuerdo la última vez que escuché un susurro,

tan eficaz, tan duro.

La nube de astigmatismo ha llegado,

trae consigo regalos, trae consigo planes nuevos.

Hay injertos de piel de escorpión,

los puedo oler; su veneno, lo puedo descifrar.

Todo empieza donde no te dejan terminar,

es tan morbosa la muerte en algunas ocasiones.

El director de la orquesta insustancial que

oscila la regulación sanguínea, quiere continuar su trabajo.

No puedo atreverme a extinguir una obra maestra

de circulación inmediata sólo por un cambio.

No podemos dar el lujo de darle más importancia.

No al dolor adagio.

Aunque fuese un fiel amigo,

que dice la verdad, no arma "blitzkriegs" sin anticiparnos,

no traiciona con hipocresía,

actúa fielmente a sus propósitos y

desahoga toda su ira hasta donde le permita,

no debo dejarle.

Ni siquiera tiene rival cuando se desea actuar,

no hay morfina ni ácido que te haga perderte fuera de la realidad

si él desea absorberte con allegro.

No he de dejarle.

Es de esos amigos que no valen ni un centavo,

de esos que si fuésemos un dios, sería el primero en ser decapitado.

Pero ni cabeza tiene.

Entonces, me veo andante abriendo la puerta.

Estirando mis músculos faciales, quitándote del camino

recibiendo escorpiones en tu nombre.

La orquesta se detuvo, el veneno ingresó.

Mi piel se decoloró,

y la obra abandonó el recinto.

Todo porque el director Cardiovascular,

quería dejarte disfrutar de la obra completa.