Launchorasince 2014
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Enojaste a la muerte


Nuevo pero añejo, así me vi.

Nunca había estado conmigo.

Todo un caos caminante hacia la única dirección

porque los hubiera no existen y ya no hay otra.

Destruido ya estaba,

completamente errático era forjar el porvenir

juntos, amarrados del sistema óseo como siameses.

¡Una obra de arte!

Pero era una obra con conjuntos desechables,

vetustos para una supernova.

Y aún así con sentimientos añejados como el vino,

con procedimientos que pueden mejorar su sabor

hasta llevarlo a la cúspide de la gloria, había,

había un error. Ya era ínfimo, no podía volver

a lo que nunca fue para sí,

y que para mi sí, era en todo su sentido.

Fue la hoja que se sacrificó y para el retoño de la primera flor.

Venerable.

Con su mirada torva, hacia los demás.

Que lo intentaba conmigo y sólo producía mentir,

MENTÍA en ese instante.

Y aún esa mentira, me trajo de nuevo.

Y me trajo de lo que yo amaba.

Y amaba como no sabía hacerlo.

Me regresó de un camino que había elegido por mis propios medios.

La amada que nadie se puede negar a compartir,

Fémina que no excluye, no niega para siempre y tampoco huye de nadie.

Perfecta para quien guste en sus brazos estar, y aunque el camino sea,

abundante y pasajero, a todos nos ama por igual.

Y aunque estaba enamorado de ella, le tocó esperar, pues

con el poder de tu injusticia para con mi amor, la dejé.

Pacientemente, la dejé por probar otros labios,

otra doncella que no fuese la amada que todos

veneramos y aceptamos compartir,

pues es la única que es eterna.

Y hoy me has hecho volver a ella,

por tus arterias añejas y tus calores ya escondidos.

Has de despertarme, has de arrebatarme,

cuando tu añejura, tu propia sangre llegue a tener el sabor perfecto

entre mis labios.