Y que tu pelo me cubra del sol,
y que tu cuello se robe mi aliento,
y que tu espalda sea insigne pastor,
y que guíe mis manos a tu tiempo,
y que el final no sea racional,
y que no exista en el mundo finito,
y que tu boca me bese más y más,
y me interrumpa si algo recito.
Ahora ya nada importa,
ahora eres nube caída,
ahora eres río impetuoso,
ahora eres hielo que arde.
Eres mi tierra,
pero no me perteneces,
adquiero esa nacionalidad,
nazco en ella,
vivo en ella,
muero y revivo,
en ella.