Launchorasince 2014
← Stories

Carta a alguien especial.


9 de septiembre.

No escribo como María Victoria, mi mejor amiga. Nada que ver. Ojalá tuviese esos dotes literarios. Pero creo que puedo hacer un esfuerzo por ti y usar my own shitty writing style to tell you lovely stuff.

Cuando te conocí, por alguna razón, me hiciste clic en el corazón. Mi corazón, que tanto he resguardado para mí estos últimos dos años. Mi corazón, que se ha ido oscureciendo y congelando, dejando pasar lo cálido y dando pie a lo gélido.

Entonces, te vi a ti y supe que me gustabas, físicamente hablando. Me pareciste alguien hermoso y difícil de dejar de ver; realmente difícil. Tu cabello estaba peinado con ese copete tan característico tuyo, tenías tu piercing y, si no me equivoco, una camisa negra. En ese momento pensé que no tenía oportunidad contigo porque, realmente, me pareciste muy heterosexual a simple vista.

Después de la presentación, vi tu collar, Édith Piaf. Y quería morirme, pues, yo pensaba ser la única persona en este país (en ese momento exagerando) que la escuchaba. Y resultó que no. Me encantaba ese collar. Todavía lo hace.

Y, luego, nos fuimos todos a la fiesta en casa de Leonel y pasaban las horas. Le pedí a Génesis en más de dos ocasiones que le preguntara a Leonel cuándo aparecerían ustedes. Yo sabía que eras heterosexual, o eso creía, pero no me importaba. Con hablarte y verte me conformaba.

Y llegaste y se me aceleró el pulso. Y fue una idiotez gigantesca porque te acababa de conocer, pero aun así, realmente me gustabas.

Pero, ¿por qué seguir citando cosas del pasado y lo que yo creía en aquel entonces, si tenemos un presente y, al parecer, un futuro?

Dicen que el mundo es de los que intentan y luchan por lo que quieren. Yo quiero intentar y luchar por lo que quiero: a ti.

Me gustaría poder ser más poético. Pero no sé cómo serlo. O tal vez sí, pero necesito más inspiración. Seguiré escribiéndote luego. Tal vez pueda escribir algo mejor para así poder mandártelo y hacer aparecer en tu rostro esa sonrisa tan hermosa de la que tanto presumes accidentalmente cuando estamos juntos.

<3.



11 de septiembre.

Creo que ya estoy poético de nuevo. No sé cuántos días han pasado desde que escribí esto y no me fijé de la fecha.

Al principio de esta carta, pues, no estaba muy seguro de qué decir, qué palabras usar, cómo expresar este revoltoso tornado que hay en mi mente. Pero creo que ya estoy claro.

Me gustas. Me gustas como me gusta el cielo y como me gusta el olor a lluvia y humedad. Me gustas como una taza de café, cálida y abrumadora, capaz de aclarar mentes e ideas, causante de insomnios; pero adictiva.

Las horas se me hacen eternas esperando a poder hablar contigo, pues al reloj le gusta jugar con quienes quieren que se apresure. Y él, pues, se divierte abusando de mi anhelo, de mis ganas de hablarte, de verte, de estar contigo.

No sé cuánto duremos juntos, ni cuán inmenso llegará a ser lo que sintamos; pero hay algo que sí sé y es que estoy dispuesto a esforzarme por ti.

Quiero ver tu sonrisa como un reflejo de la mía. Quiero que tus manos se apoyen en mis hombros y sepan que, siempre que se les permita, éstos estarán para ti, pilares resistentes que prometen sostenerte cuando no puedas aguantarte más y quieras dejarte caer.

Las promesas a veces son vacías, o distantes. Las personas no saben el tamaño y significado de algunas de ellas, pero yo creo poder manejarlas. Prometo cuidarte, quererte y, de nuevo, siempre que se me permita, estar para ti. Siempre.

Eres muy especial para mí.
Te quiero.