Launchorasince 2014
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Conociendo a mi mejor amiga.


Estás semanas hemos hablado mucho Emma y yo. Me siento demasiado bien al respecto porque es algo increíble. Me da paz y me hace sentir bien. Incluso una ocasión hicimos un concurso, quien se quedara dormido primero, tenía que invitarle un café al otro. Así que ha sido demasiado divertido. Con todo lo que ha pasado, me atrevo a decir que se ha convertido en mi persona favorita.

Es como encontrar un tesoro que nunca esperabas descubrir. Y llega un momento en el que todo parece demasiado bueno para ser verdad. Nadie me había hecho sentir así con anterioridad, creo que me faltarían las palabras para describir lo maravillosa que es. Algo único, mi confidente. Y entonces caigo en cuenta de lo afortunado que soy.

Es la primera vez en seis años que una chica me trata de esa forma. En nadie he experimentado esa complicidad, química, sensación de ser valorado, afecto, cariño, protección y un sin fin de cosas que ella me ha demostrado. Razones me sobran para nunca abandonarla, simplemente, se ha ganado que cumpla la promesa que le hice. Lo único que podría detenerme para no cumplirla, es la misma muerte.

Esta mañana me he despertado con mucha energía y unas ansias enormes por la fiesta que habrá esta noche. Estoy en mi escritorio revisando los preparativos. Cuando reviso la lista de pendientes, veo que todo se encuentra en orden. Sólo queda permanecer tranquilos. Espero que todo salga bien esta noche. Lo único que me preocupa es que al final alguien decida armar una pelea.

Me levanto del escritorio y bebo del café que está en el termo. Todo saldrá bien, aunque por mi mente pasen interrogantes absurdas. ¿No te meterás en algún problema? Me gustaría no tener que preocuparme tanto

Mientras las horas pasan, me pongo más nervioso. Tengo que relajarme cada media hora, mientras el estrés se acumula; o tal vez sólo lo hago porque me gusta que las cosas siempre salgan bien.

Sacudo la cabeza. No puedo pensar así. Tengo que mantener la calma y pensar positivamente.

Finalmente después de algunas horas, la fiesta comienza. Los invitados comienzan a llegar.

- Tranquilo, Gabriel, tu fiesta será increíble.- dice uno de los invitados.

Cuando veo que Emma ha llegado, me lleno de alegría. Es una sensación que sólo experimento al encontrarme con ella. Algo formidable.

- Hola, Gabriel.- Dice alegremente. Me abraza mientras lo hace.- ¿Ya podemos entrar?.

- Um... sí- le digo. Ella mete su mano a su bolsa y me entrega su pase.

- Gracias, Oye, ¿Vendrás al terminar de recibir los pases?.- Pregunta.

- Claro, en un momento estaré ahí.- Respondo.

Después de un rato, dejo de recibir pases. Sé que será una noche increíble, más con la presencia de Emma.

Sus labios dibujan una sonrisa al verme, revelando la perfecta sonrisa que de verla me hace sonreír también.

- Entonces, ¿Te estás divirtiendo en tu día especial?.- Pregunta.

- Claro.- Le digo. Mi voz suena muy alegre y risueña.

Nos perdemos nuevamente en nuestro mundo. Sólo nuestras risas y tonterías. Me imagino que somos capaces de pasarnos toda la fiesta platicando, si así lo deseáramos. Notamos que Camilo ha llegado. Emma me interroga sobre qué hacer. Al final, ella decide ir con él.

Minutos después llegan unos policías, inicialmente sólo querían asegurarse de que todo estuviera en orden, pero hasta después comprendí que lo único que buscaban era un soborno. Nos pidieron algunos datos. Si les hubiera dado algo de dinero, no hubiéramos tenido que enfrentarnos a fiscalización después.

Los vecinos de la calle donde se está realizando el evento contribuyeron a que los aguafiestas llegaran. Se encargaron de hacer la queja, levantar reportes, exagerar sobre lo que estaba ocurriendo, entre otras cosas. Uno de los vecinos es el regidor, amargado por naturaleza, pero para complementar todo, tuvo como aliado a un vecino que es sacerdote, y quien tiene muchas influencias.

La razón de su amargura la desconozco, como los demás que se enteraron de quienes habían echado a perder la fiesta. Meses de organización se vinieron abajo. Nos hicieron desalojar la fiesta. Sin embargo, al final nos dejaron continuar con los únicos que quedábamos. La única condición era no hacer tanto ruido.

Era difícil disfrutar de una fiesta así, muchos tenían la expectativa de un evento decoroso. Al final, los sacas de la fiesta.

Me siento en una silla junto a Emma. Platicamos un rato antes de irse con Camilo y posteriormente a casa. Después de escuchar sus palabras me aliento, me siento mejor. Escucho risas. Los que quedamos al menos intentan divertirse a pesar de todo, pero una vez que se vuelve a poner la música, el ambiente inicia otra vez. Mi tendencia natural hacía olvidarme de lo que ha pasado no es tan efectiva. Es un poco difícil reponerse de una caída así y quedar en vergüenza ante tanta gente. Tal vez no me tenga que sentir mal por eso. Pero la moral la siento por los suelos.

Aun así, intento disfrutar de la noche tal y como dijo Emma. Algunos ya están algo perdidos. Han bebido bastante, cervezas, vodkla, entre otras bebidas. Las mesas están llenas de vasos y botellas. Así que lo que sobra es el alcohol, y las personas que están ambientadas, pero no se puede decir que lo esté disfrutando.

Algunos amigos se dan cuenta, tratan de que beba un poco de alcohol, pero simplemente me resisto. Subo a una terraza que está en la parte alta a tomar aire fresco. Necesito tomar un respiro. Mayra se encuentra ahí. Esta alcoholizada y cae de la escaleras antes de terminar de bajarlas. Por fortuna, un chico logro la detuvo antes de que pudiera lastimarse más.

- ¿Te encuentras bien, Mayra?.- Pregunto. Todos se han sacado un susto.

- Sí, Gabriel, no te preocupes, no pasa nada.-Responde, apenas y se entiende lo que dice.

El chico se lleva a Mayra y ahora me estoy sintiendo definitivamente enfermo. Subo las escaleras y llego a la terraza. El aire es fresco y agradable sobre mi piel. Se distinguen perfectamente las luces de la ciudad. ¿Por qué no vengo a relajarme a este lugar más seguido? Camino hasta una banca que se encuentra junto a una pequeña fuente, recuperando la calma, lamentando lo que había pasado. Ellos no son culpables de lo que ha pasado. Debería volver e intentar divertirme, de verdad. Al llegar a la banca, me siento allí, mirando a la ciudad.

Después de un rato oigo pisadas que se acercan a mí. Será algún amigo, viniendo a invitarme a beber. No es que no lo merezca, pero aún así quiero estar sólo.

- Perdón, pero no estoy de humor para beber alcohol.- Aviso a las luces de la ciudad que están delante de mí.

- No te preocupes, vine porque quería platicar contigo.- Anette se sienta a mi lado.

- Pensé que eras alguno de mis amigos.- Digo.

- No, ellos están ocupados embriagándose.- Miro mientras Anette se acomoda la falda.- Un mal día, ¿eh?

- Algo así.- Digo.

Inspira profundamente.

- Mira, Gabriel, desde hace un buen rato te veo algo triste. Quiero decir, no es el fin del mundo. Eres una persona optimista. No puedes dejarte caer por este incidente. Aquel día en el parque enseñaste a ser fuerte y enfrentar las adversidades que se puedan presentar.

Sus palabras me toman por sorpresa. Es cierto que he ayudado a muchas personas a superarse cuando su vida parece ser un completo infierno. A lo largo de mi vida, he jugado con ese rol de psicólogo y terapeuta con mis amigos. Sin embargo, había habido veces sinceramente en que yo me sentía mal y nadie podía ayudar de la misma forma en la que yo ayudo a los demás.

En realidad, todavía sigue pasando.

- Lo sé, Anette, muchas gracias. Solamente es como cualquier caída. Al principio te duele el golpe, pero después el dolor desaparece.

- Esta bien, Gabriel. Sólo no te deprimas. No me gusta verte así, llevabas meses organizando esto para que ahora no lo disfrutes.

Todos mis amigos se hunden en el alcohol, pero quienes reamente me han demostrado su apoyo son Emma y Anette.

- Así es, pero Estaré bien, no te preocupes.- Digo. Sus palabras hacen que me sienta mejor. De alguna forma, es bueno saber que hay personas que se preocupan por verte sonreír.

- Y, ¿Ya te sientes mejor respecto a lo de Isabela?

Me cuesta trabajo tocar ese tema.

- Pues sí, supongo.

- Gabriel, ¿Te puedo preguntar algo?

- Claro.

- ¿Tiendes a aferrarte al pasado, a las personas o a algunas situaciones, aun cuando te hacen sufrir?

- Creo que a lo largo de la vida vivimos todo tipo de situaciones. Independientemente de que éstas sean positivas o negativas, alegres o tristes y desgraciadamente, tendemos a aferrarnos a ellas.

- Actuar así, es un error, Gabriel. Nos guste o no, lo aceptemos o lo rechacemos, nada es permanente en la vida, todo cambia y ante este hecho tenemos dos opciones: Podemos fluir con los cambios ó, podemos quedar atrapados en relaciones, sentimientos y momentos dolorosos, que nos impiden seguir avanzando y disfrutar de la vida.

- Sí, eso es cierto.- Respondo

- Gabriel, soltar significa dejar de forzar una situación para que se dé como nosotros deseamos que se dé, aunque no haya los elementos adecuados para que así suceda. En este aspecto, es importante tener en cuenta que las cosas funcionan por la ley de causa-efecto, aunque nosotros no conozcamos las causas y sólo veamos los resultados. También es dejar de luchar para mantener una situación que no tiene suficiente sustento para ello.

Me quedo callado, no tengo palabras para responder a lo que me está diciendo. Ella continua.

- Recuerda que todo final es el principio de algo nuevo y todo principio va a tener un nuevo final en el que nosotros podemos influir, por lo tanto, es importante aprender a disfrutar de lo positivo y placentero que tenemos y a vivir y aprender de lo negativo, estando conscientes de que es pasajero y que nos ayuda a fortalecernos y desarrollarnos.

- ¿Por qué nos aferramos, Anette?.- Pregunto.

- Existen muchas razones: Una relación. Esto sucede cuando somos dependientes de alguna persona; pensamientos negativos o erróneos que aprendemos a través de los años y por rigidez o miedo al cambio, no tratamos de modificar; emociones negativas que nos hacen sufrir innecesariamente. Algunas de éstas, pueden, aparentemente, darnos energía o una sensación de poder o control, pero nos desgastan emocionalmente y afecta nuestra conducta de forma negativa; Eventos y recuerdos del pasado que nos causan dolor. Con frecuencia nos aferramos a éstos, porque refuerzan nuestra imagen de victimas o porque nos mantienen en una posición en la que no tenemos que esforzarnos para enfrentarnos a un presente, que no podemos o sabemos manejar; esperanzas sin sentido, que no están basadas en la realidad.

- ¿Crees que exista un motivo en especial para aferrarse, aunque lo hagamos inconscientemente?.- Pregunto.

- Claro, entre los principales motivos por los que nos aferramos, encontramos: El miedo al cambio y lo desconocido, que creemos que puede ser muy negativo o difícil de manejar; un sentimiento de apego, exagerado y negativo, proveniente de cuando éramos bebes. Todo bebé desarrolla dicho sentimiento. Si éste fue positivo y le dio seguridad al pequeño, cuando llega a la edad adulta es emocionalmente independiente y crea relaciones positivas tanto con las personas, como con las cosas o situaciones. Pero si dicho vinculo fue negativo, es decir, si el niño lo vivió con angustia e inseguridad, cuando crece sus apegos son exagerados y se vuelven el centro de su vida.

-Vaya, no me había puesto pensar en eso.- Digo.

- Sin embargo, independientemente de que sepamos el motivo o no, el tratar mantenernos aferrados nos impide crecer, en el mejor de los casos y nos hace sufrir, en la mayor parte de las situaciones.

Fluir significa soltar, abrir nuestras manos y dejar ir, como la arena que se desliza entre nuestros dedos, al abrirlos, a su propio ritmo y finalmente, cuando soltamos, nos liberamos.- Responde.

-¿Y qué puedo hacer para liberarme?.- Pregunto.

-Haz un buen análisis, honesto, de las emociones que te están afectando, para ver cuál es la causa de ellas y así, darte cuenta de qué es lo que estás cargando.

- ¿Es decir?

-Imagina que reduces, aquello a lo que te estás aferrando, a un tamaño tal que cabe en un globo de helio y que lo sueltas, viendo como se aleja hacia el cielo, mientras tú, con una sonrisa, le dices adiós, sintiéndote a gusto y en paz. Puedes hacer esto mismo en la realidad, escribiendo en un pequeño papel, aquello que deseas soltar, amarrándolo a un globo y soltándolo, dejándolo ir.

Mas razón no puede tener Anette, hay que dejar ir el pasado, aprender a vivir el presente, el aquí y el ahora, fijando la atención en todo lo que uno hace a cada momento. Cada minuto es único e irrepetible, por lo que es importante vivirlo plenamente y no vale la pena perderlo preocupándonos por lo que ya pasó o por lo que no podemos tener.

Para dejar una relación o cualquier tipo de pérdida, es importante cerrar el círculo y elaborar el duelo, viviendo y manejando adecuadamente, las emociones y sanando nuestras heridas, cambiando las creencias equivocadas que sólo traen sufrimiento.

Para soltar cualquier situación, persona o cosa, en general, es importante descubrir qué ganancias secundarias obtenemos al mantenernos en esa oposición y que creencias y pensamientos equivocados tenemos al respecto, para hacer los cambios necesarios.

A veces cargamos con el pasado, la culpa, el resentimiento, etc. Cargamos con tantas cosas, tan grandes y pesadas, que caminamos encorvados, dejando de ver todo lo positivo que hay a nuestro alrededor.

- Bueno, Gabriel, han llegado por mí, me tengo que ir.- Se levanta de la banca y me despido de ella.

- ¡Espera!.- Interrumpo su marcha.

- ¿Donde aprendiste todo lo que me acabas de decir?.- Pregunto intrigado.

- Después de lo que pasó en el parque, me puse a pensar muchas cosas, lo que me llevo a todo eso que te estoy diciendo. No es más que el fruto de lo que tú me enseñaste, Gabriel.- Sonríe y después se va.

"To Be Continued...."