Es el año 4518 y la Tierra ya no es como antes.
No hay religiones, el dinero se unificó y sólo hay un tipo de moneda llamada "tellus"; no hay razas ni países, el mundo lo gobierna la ONU (formada por representantes de cada continente), y estamos nosotros, los terrestres, que después de cinco guerras mundiales aprendimos a cuidar la Tierra, la cual es el único planeta donde podemos subsistir. O eso pensabamos.
Fin
Estaba matando a un bebé con mis propias manos mientras la mamá, entre lágrimas, me decía que pare. Ella no podía hacer nada pero yo si. Me disparé. Una, dos y hasta tres veces. Me vi muerto en el piso pero al final todo había terminado. La Tierra se había salvado.
Historia, extraños y muerte
Me desperté, pero no como siempre, sentía que hoy iba a ser un gran día. Quizás porque hoy iba a responder muchas preguntas: ¿Hay otros universos? ; ¿Hay vida en otros planetas? ; ¿Podemos vivir en otros planetas?Desayuné más de lo habitual así no perdía tiempo en el C.I.T (Centro de Investigaciones Terrestres) parando a almorzar. Por la pinta de las tostadas, este día iba a ser negro sin retorno, pero, ha decir verdad, no soy muy bueno cocinando. Después de desayunar dos carbones con manteca y azúcar y tomar medio vaso de una dilución de jugo concentrado de naranja porque estaba intomable, me vestí lo más formal posible pero a la vez que pueda trabajar cómodo y partí hacía el C.I.T.
Una vez ahí, me saqué el gusto a naranja pasada con el café del laboratorio y me puse a hacer los últimos ajustes con mi nuevo asistente Harold.
Ya eran las dos de la tarde cuando terminamos de preparar la máquina, de hacer cálculos, verificarlos y ahora estabamos ordenando todo para que un representante de la ONU venga a ver la máquina funcionar.
El Sr. Mortis, representante de América, lucía un traje simple y formal con saco y pantalón gris, corbata negra, zapatos oscuros como mis tostadas pero brillosos y una camisa blanca lisa que hacía replantearme el estado de mi ropa.
-Bueno señores, llegó el gran día, o eso espero -dijo con una sonrisa y de mala gana-. Mejor empecemos porque me espera una discusión con Europa y Oceanía agradable, pero tediosa -y mostró esa sonrisa que ni a Harold ni a mi nos convencía.
-Si, mejor empecemos y no te olvides de preparar al señor -dije y miré a Harold que ya estaba verificando todo nuevamente para encender la máquina y cambiar el mundo.
Antes de que el Sr. Sonrisas dijera algo, Harold le interrumpió.
-Tenga -le entregó una pistola calibre .50 y un tanque de oxígeno-. Nosotros dos ya tenemos -y se tocó la cintura y le mostró la espalda.
-¿No era que habían eliminado todas las armas de fuego? -preguntó sin ninguna sonrisa esta vez mientras se ponía el tanque de oxígeno.
-Si, pero secretamente, los antiguos representantes de la ONU nos dieron unas cuantas cuando este proyecto se puso en marcha ya que la ley lo prohibía. Ya sabe usted, por si algo sale mal -respondí imitándolo.
-Pero, ¿Qué va a pasar cuando enciendan esa aparato?
-¿A caso no se lo dijeron?
Negó con la cabeza.
-Pues verá, este "aparato" se pensó hace doscientos años atrás y se estaba por realizar pero, como bien sabrá, empezó la Quinta Guerra Mundial, la del agua, por supuesto. Cuando ésta finalizó, se llevó consigo mitad de Europa, todo lo que antes se conocía como Chile, lugares de África, Rusía quedó hecha cenizas y Oceanía sigue existiendo por suerte. Después de este acontecimiento, la ONU llegó a la conclusión de que iba a seguir habiendo guerras si no llegabamos a un acuerdo. Éste decía que nos teníamos que unir y que ya no nos íbamos a llamar más como derivados de nuestros países, sino que todos nos ibamos a llamar "terrestres". Además, de eso, las fronteras que había desaparecieron y, en consecuencia, desaparecieron los países y sólo nos separamos por continentes ahora. Y por último, el tratado o acuerdo, como quieran decirle, decía que desde ahora en más sólo nos ibamos a enfocar en ayudarnos todos, como decía un dicho de antes "Todos para uno y uno para todos". Resumiendo, se destruyeron todas las posibles armas, nucleares, de fuego, etcétera, se creó la moneda de ahora que es la misma en cualquier parte del planeta y la Tierra empezó su nueva era sin violencia. Y, después de todo esto, el proyecto se puso de nuevo en marcha para descubrir si los terrestres podían vivir en otro planeta ya que este quedó devastado por todo lo ocurrido.
-Entonces, si la máquina funciona nos podemos encontrar con tres posibles casos -añadió Harold-. Que no se pueda vivir en el planeta, que se pueda vivir y esté despoblado o que se pueda vivir y esté poblado. En el último caso los habitantes pueden responder de buena manera -sonrió y levantó los pulgares- o que respondan de mala gana -se tocó la cintura otra vez.
Se le borró todo rastro de felicidad al Sr. ONU.
-¿Y qué estamos esperando? -pregunté irónicamente-. Conectala.
Y antes de que Mortis dijera algo, Harold ya la estaba conectando.
Apareció un destello de luz en el centro de la máquina que se separó en miles de destellos más finos pero con la misma intensidad como cuando prendes la tele. Todos los destellos empezaron a girar en el sentido de las agujas del reloj cada vez más rápido. Un lavarropas. Por la fuerza las partículas de luz se iban más a los costados haciendo que el centro de la máquina sea oscuro como la noche misma.
Apareció un nuevo mundo. La máquina funcionaba.
No lo podíamos creer. Tenía piel de gallina por todo el cuerpo. Miré a Harold y estaba tan asombrado como yo, me di vuelta para ver al Sr. Mortis y estaba conteniendo la respiración boquiabierto.Harold anotó las coordenadas del mundo en su hoja de cálculo y entramos al nuevo mundo con las armas desenfundadas y apuntando mientras respirábamos pausadamente el oxígeno.
El suelo era arenoso de color amarillo azufre, se veían cráteres y montañas por cualquier lado y se sentía la atmósfera pesada, como un día con mucha humedad. Hicimos cien metros vigilando toda la zona mientras Harold tomaba notas que, después en el laboratorio analizaríamos para saber si el mundo era apto para los terrestres. Vimos a lo lejos, entre dos montañas, una especie de lago color leche donde sumergí una pipeta y rellené dos tubos de ensayos mientras Mortis vigiliba la zona. Se sentía que la sustancia era muy densa. Después de caminar casi un kilómetro visualizamos el tercer caso. Estaba poblado.
Nos escondimos detrás de una especie de montaña amarilla. Eran cinco. Sus caras eran violetas, redondas y alargadas pero chicas, en la mitad superior de la cara tenían un solo ojo amarillo y negro como los ojos de un gato a punto de cazar una paloma. Además, ví que debajo del ojo aparecían dos aberturas lineales que ocupaban todo lo que quedaba de cara que, deduje que era la nariz porque se veía como entraba y salía el aire. Debajo le seguía un cuerpo flaco, brilloso, del mismo color de la cara pero con escamas. En vez de brazos y piernas tenían tentáculos. Dos como brazos y ocho como piernas.
-¿Qué hacemos? -me preguntó Harold que estaba concentrado en cada movimiento de los cinco extraños.
Lo miré y pensé en responderle que volvamos al laboratorio por el aspecto horroso de esas criaturas pero en vez de eso le ofrecí acercarnos un poco más. Mala idea.
-¿Cómo? ¿Cómo hacemos? -dijo el Sr. Mortis que estaba por gritar como adolescente siendo perseguida por el asesino de la escuela.
-Rodeamos la montaña y vamos hacia ese cráter -le sañalé uno que estaba a cincuenta metros de nosotros pero a veinte de los seres-.
-Usted primero -me respondió la adolescente gritona.
Entonces me puse primero en la fila. Harold se puso al final y Mortis en el medio. Empezamos a rodear la montaña amarilla con las armas en frente y despacio porque cada paso que dábamos hacía un ruido de mil demonios además que se creaba una nube de polvo por lo arenoso y rocoso del suelo. Después de rodearla y quedar paralelos al camping del horror, nos agachamos y pasamos arrastrándonos hacia el cráter porque era tal el desnivel del suelo que de esta forma los seres no nos podían ver. Eramos como los militares en las películas cuando pasan por debajo de alambres de púas y su destino era una trinchera. A mitad de camino escuchamos piedras romperse. Un ser se estaba acercando. Empezamos a arrastrándonos más rápido hacía nuestra trinchera. Fue tanto el cagaso del momento que la adolescente de Mortis me pasó por el costado sin dudar para ponerse a salvo en el cráter. Cuando entramos al cráter vi que el ser había llegado donde hace un momento estábamos pasando por debajo de alambre de púas. Respiramos.
-¿Ahora que hacemos? -preguntó todo agitado el número uno de la carrera militar.
-Nos relajamos y observamos como son -respondió Harold-. Si resultan ser pasivos, cosa que dudo, nos presentamos si vemos que es al revés no.
-¿Qué? -preguntó exaltado-. Yo no pienso moverme de este cráter para ver a mis asesinos ¡Casi muero! -exclamó en voz baja.
Harold, sin prestarle atención, sacó una libreta y una lapicera para anotar el comportamiento de su nueva especie.
Nos pusimos Harold y yo uno al lado del otro, sacamos las cabezas por encima del cráter y observámos mientras Mortis se recuperaba de su "casi muerte". El idioma con el que se comunicaban eran gritos agudos alternados con graves que causaban escalofríos. Iban de allá para acá gritando y dejando baba verde en el piso cada vez que se movían. Después de media hora Mortis se recuperó y vino con nostros.
-¿Y? ¿Cómo va el asunto? -preguntó irónicamente y le clavé la vista con tanta intensidad que casi le explota la cabeza-. No me mires así -me dijo-. Es interesante, un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad y todo lo que quieras, pero ya es tiempo de volver creo yo -mostró su sonrisa de mierda.
-Si querés volver, volvé. Sabes el camino -le respondí secamente.
-Bueno, bueno, bueno, tampoco para ser tan frío -se sentó a la derecha mio con un bufido de espaldas de los seres-. Bueno, cuando terminen avisenmé -y empezó a tirar piedras adentor del cráter.
Cuando al fin la nenita se calmó volví a ver a los seres que parecía que tenían sueño porque se estaban agrupando todos juntos para conservar el calor.
Bufido de la derecha. Una, dos y tres veces. Parecía un caballo relinchando. Por cada bufido que hacía aumentaba mis ganas de que los seres se lo coman. Terminó de bufear y empezó otra vez con las piedras chicas pero se cansó y empezó a tirar piedras cada vez más grandes y pesadas. Hasta que tiró una piedra del tamaño de un conejo. Hizo un ruido como un trueno en la peor lluvia eléctrica. Harold y yo asombrados miramos a Mortis con las venas saliendo de nuestras caras. No habían palabras para decirle así que lo fusilamos con la mirada y volvimos a ver al montículo de seres conservando el calor. Ya no estaban.
-Ya no están. Ya no están. Ya no están -dije asombrado y cagado en las patas.
-Si. La pregunta de ahora es: ¿Dónde están? -dijo Harold calmado pero se notaba el miedo en su cara.
-¿Cómo que no están? -preguntó Mortis más serio que nunca. Nadie contestó-. ¡CONTÉSTENME! ¿CÓMO QUE NO ESTÁN? ¿DÓNDE ESTÁN? -gritó desesperado mirando a todos lados esperando a que aparezcan-. Yo me voy -aseguró traumadamente. Empezó a apuntar temblorosamente a cualquier lado con la pistola. Se resbaló al salir del cratér que se cayó y se tuvo que volver a parar. Pero no hizo mucho camino, hizo dos pasos y lo agarraron unos tentáculos violetas. Mi mente no lo creía, su cuerpo estaba atrapado en esas sogas gruesas horrorosamente violetas. Cuando salimos de nuestro escondite fue nuestro turno. Me agarró un tentáculo de los pies, me elevó diez metro de cabeza y me tiró al suelo. Sentí como se me fracturaban los brazos, la sangre mezclada con la tierra del suelo en mi boca y un dolor que no sabía de donde venía porque tenía todo el cuerpo entumecido. Otra vez me agarró y mis costillas se quejaron. Esta vez me tiró desde veinte metros y antes de que me estrelle contra el piso rocoso me agarró con sus ventosas la cara, me puso vertical a la altura de su nariz y empezó a succionar. Me estaba comiendo. Grité de dolor, sentía como absorvía cada célula de mi piel para luego deleitarse con mi músculo. Me palpeé la cintura y encontré lo que buscaba, el arma. Sin dudar, la levanté y sin apuntar disparé a la altura de su cabeza. Caí como una bolsa de papa al piso y fui a salvar a Harold. Lo tenían agarrado dos seres, uno por los brazos y otro por las piernas, que trataban de cortarlo por la mitad. Con furía y gritando como guerrero les disparé un tiro en la cabeza y dos tiros en el pecho a cada uno. Levanté a Harold pero tenía los dos brazos dislocados así que se los puse en su lugar y después de un grito de dolor lo levanté y fuimos por los otros dos. Corrimos gritando con las armas alzadas y apuntando hacia donde estaban estos hijos de puta que lo tenían debajo de ellos. Le disparé a uno en el abdomen y respondió con un grito agudo que me destrozó los tímpano pero Harold lo calló con un tiro certero en la cabeza. El otro, al ver la muerte de su compañero, saltó hacía nosotros dejando su futura comida a un costado pero esos tentáculos, aunque succionaban con tanta fuerza que te dejaban sangrando al rojo vivo, no le ganaban a nuestras armas que por fin servían de algo. Disparamos hasta gastar todo el cartucho sin importar que ya lo habíamos matado. Era tarde igual. Cuando ví el estado en el que se encontraba Mortis vomité las dos tostadas. Tenía todo el abdomen abierto, los intestinos salían de él, se le veía el estómago y se notaba que tenía las piernas fracturadas. Lo rodeaba todo un charco de sangre. Seguía vivo.
-¡Vayámosnos de acá! -dijo sin darse cuenta de su estado.
Lo miramos sin responder.
-¿Qué pasa? ¡Levántenme y vayamos al laboratorio! ¡No se queden ahí! ¿QUÉ PASA? -gritó, trató de levantarse poniendo sus manos a los costados que, en vez de encontrarse con el suelo, se encontraron con el charco de sangre-. ¿QUÉ ES ESTO? -se tocó la panza y se encontró con sus intestinos-. No, no es posible -decía mientras, desesperado, estiraba los intestinos y trataba de meterlos como estaban en su abdomen-. ¡No! ¡Hagan algo! ¡No me dejen acá! ¡Voy a morir! -y se largó a llorar. Entonces Harold cargó el arma y le dio fin a su llanto disparándole justo en la cabeza haciendo una muerte instantanea. Aunque teníamos ganas de llorar, no había tiempo para eso. Teníamos que volver al laboratorio y cerrar el portal de una vez.