¡Hola a todos! Creo hasta ahora ha habido poca comunicación entre los miembros de Launchora (en parte porque no te salen notificaciones como en Facebook o Deviantart), así que se me ocurrió tratar de tener más contacto con todos ustedes por medio de breves notas, las cuales checaré de vez en cuando para ver si hay o no respuesta. Seguiré publicando (más no regularmente) por la onda del budismo en la que me estoy metiendo y por un artículo científico en el que ando trabajando. Y, pues bien, quisiera compartir con ustedes un viejo escrito que tenía guardado en algún lugar de mi PC. Por lo general no suelo escribir sobre temáticas oscuras, así que podemos llamarle "un niño raro" dentro de lo que suelo escribir. Espero sea de su agrado.
Bendiciones a todos.
Karen
El Vengador
Existió
una vez un vampiro que dio su vida por mí. Su nombre era el menos común de
todos, pero eso poco importa, salvo lo valioso que era para mi persona. Era mi
amigo, el mejor que haya tenido. Solíamos correr juntos por las tardes,
sonreíamos en la luz agonizante del sol naranja, nos sonrojábamos cada vez que
nuestros cuerpos caían exhaustos sobre el pasto de tanto jugar. Él era más
grande que yo por cinco años, pero eso no impidió que nos convirtiéramos en
casi hermanos. Por eso me dolió hasta el alma el día que dijo que me odiaba,
ese fatídico día en que decidió alejarse de mí y, de paso, aprovechó para
destruir aquello que me era querido. Asesinó a mi familia, les chupó cada gota
de sangre. Yo lo observaba; no lo podía creer. Traté de detenerlo pero era
demasiado fuerte. Le grité: “¡¿por qué haces esto?!”. Pero su única respuesta a
la luz de la luna rayada de sombras ventana nunca surgió de su boca.
Después de eso no lo vi más, y fue
entonces que nuestra amistad se convirtió en un vínculo de resentimiento y
odio. No podía vivir ni un día sin preguntarme la razón de sus acciones. Yo
también soy vampiro, sé lo que es desear la sangre, pero la diferencia era que
yo había sido criado por humanos. Amaba a mi padre, amaba a mi madre, a mis
hermanos, a mis primos, a mis tíos. Él no tenía nada de eso: era huérfano. ¿Me
había tenido envidia acaso? Sin embargo su sonrisa… esa nota de sinceridad en
su rostro… ¿por qué la tenía? Y si no lo era, y si su objetivo siempre fue
alimentarse solamente, ¿entonces por qué fingía ser mi amigo? Yo respetaba la
existencia de los seres humanos, y él parecía compartir mi punto de vista.
¿Acaso fingió en todo momento ser alguien que no era? No le entendía, y el
corazón me dolió en cada momento de mi infancia desde ese incidente, en cada
momento de mi adolescencia, y las dudas jamás dejaron de atormentarme. Pero aun
así, el dolor fue lo suficientemente fuerte como para mantenerme vivo y jurar
ante mil dioses que un día le daría muerte.
Crecí y me volví más poderoso. Si quería
vengarme debía de estar a su altura, pues él era de los vampiros más poderosos.
Con el tiempo probé la sangre humana, asesiné a algunos cuantos que se metieron
conmigo, y luego, para ganar más destreza y habilidad, comencé a robarles
sangre a otros clanes. Nada me detenía: solo quería verlo hecho cenizas. Luego,
inesperadamente, una noche se apareció ante mí nuevamente. Lo miré atónito; él
hizo lo mismo. Luego apreté los dientes hasta que me sangró el labio. Lo
maldije, le lancé todo mi odio. Nada lo movió. Entonces comencé a atacarlo,
pero ni aún con todo mi corazón roto él
mostró emoción alguna. Cuando vio que iba en serio, comenzó a
contraatacar, y lo nuestro se hizo un combate a muerte.
Él jamás dejó de mirarme a los ojos. Era
como si tratara de decirme algo, pero en ese momento yo lo único que quería era
que la luz dentro de ellos se marchitara para siempre. Fue entonces que, en un
descuido, él bajó la guardia y le clavé una estaca en el pecho. Luego lo
torturé cuanto pude. Casi nunca gritó. Era como si estuviese dispuesto a
redimirse con el sufrimiento que le causaba; tenía la cabeza baja. “¿Te
arrepientes ahora?”, le dije despectivo, “pues entonces muere ahora y paga el
resto en el infierno.” Lo seguí haciendo sufrir, y cuando estaba finalmente
agonizante, con su respiración entrecortada, por primera vez me vio a la cara
con unos ojos que no entendí. Eran templados, me veían con amor; tenían una
tibieza compasiva, y a la vez una sonrisa en el rostro. Fue un extraño
escalofrío que me recorrió la espalda. Él estaba semiinconsciente, más muerto
que vivo, pero aun así su mirada era penetrante como mil océanos juntos. Me
dijo: “a pesar de nuestras diferencias, a pesar de que quizás nunca perdones lo
que hice… quiero decirte que te amo”. Y dicho esto, su cuerpo se volvió
cenizas.
Quedé paralizado por un buen rato mientras
la lluvia caía a mi alrededor. Todo había terminado, o al menos eso creí. En
realidad estaba confundido; no entendía nada. Miré sus restos y algo llamó mi
atención. Era un papelito que se salía de uno de sus bolsillos. Lo tomé; estaba
dirigida a mí. Decía: “Ve a mi casa y encontrarás las respuestas que necesitas
sobre el escritorio. Crisantemo #64.”
<<Maldito
bastardo>> pensé. <<Aún después de muerto quiere torturarme>>
Como quiera fui a la dirección indicada.
Era una mansión. Entré en ella y me metí a su despacho. Olía a él. Y tal como
había dicho, sobre el escritorio había algo para mí: un sobre con un CD dentro.
Lo tomé, y antes de irme miré detenidamente lo que había a mi alrededor. Todo
era una mezcla de libros y antigüedad.
<<Amaba la
lectura… tenía buen gusto>> pensé.
Y entonces me pregunté cómo hubieran sido
las cosas si él no hubiera hecho lo que hizo. Me pregunté si, habiendo sido las
cosas distintas, hubiéramos estado conversando en su jardín en esos momentos, o
si hubiéramos preferido tomar té en su despacho mientras él contestaba correos
de negocios. La verdad nunca supe a qué se dedicó después del incidente. Poco
me interesaba. Después de un último vistazo, negando una realidad inexistente,
regresé a mi casa. Me senté en el sofá y reproduje el contenido del CD. Nunca
volví a ser el mismo después de observarlo.
Era él; con esa misma sonrisa en el
rostro, con esa misma mirada. Me dijo que el hecho de que estuviera viendo ese
video era una señal de que él ya estaba muerto. Me dijo que había cosas que él
no podía haberme explicado antes, que no lo hubiera escuchado ni le hubiera
creído. Entonces comenzó a hablar de que las personas con las que vivía me
habían adoptado con doble intención, para así un día convertirme en su ratón de
laboratorio, que sólo querían hacer experimentos conmigo cuando creciera; que
mis hermanos y primos con los que jugaba en realidad eran niños a los que les
habían practicado lobotomía, que se les había programado para vigilarme. Que
quienes yo llamaba padres, en realidad eran unos científicos que estaban
obsesionados con el estudio de nuestra raza, y que el motivo por el que yo
había sido criado junto con ellos era que habían logrado arrancarme de mi clan.
<<Pura
mierda.>>
“Me enteré de eso un día que estábamos en
tu casa mientras jugábamos. –decía- Aquella vez, tratando de esconderme de ti,
entré al despacho de tus padres. Luego ellos entraron sin darse cuenta de que
yo estaba en el interior. Los escuché hablar; sus planes, todo. Tenía sólo once
años, y a medida que conversaban no dejaba de asustarme cada vez más con lo que
oía. Aún ahora, todavía no logro entender la capacidad de ellos y los humanos que los apoyaban de mostrar tanta
crueldad por un fin absurdo que ellos llamaban “ciencia”.
Hizo una pausa; luego prosiguió.
“Cuando salieron vi unos documentos sobre
la mesa; los tomé y los estudié detenidamente. Fue ahí donde supe de los
experimentos clandestinos que realizaban en los niños de su especie. Cerré los
puños con fuerza; decidí convertirme en un vampiro lo suficientemente fuerte
como para poder librarte de ellos. Tú no lo recuerdas, eras muy joven, pero siempre
noté que había guardias bien armados en tu casa; ¿te imaginas para qué estaban
ahí? Eran asesinos bien entrenados, en caso de que un día decidieses huir.
Todas las pruebas de lo que te digo están en mi caja fuerte. Han sido años y
años de recopilación. Muchas veces junté información, y muchas veces “ciertas
personas” la destruyeron ya sea total o parcialmente. Por eso nunca pude
decirte nada, porque siempre faltaba una pieza del rompecabezas. El momento en
el que aparezca de nuevo en tu vida, será porque finalmente tengo la
información necesaria para demostrarte lo que digo, y por tanto la entregaré
antes de que alguien más se entere.
<<Hermosas
palabras, pero no es más que una fantasía…>>
“En fin, lo que me hizo decidirme a acabar
con ellos fue el hecho de descubrir que habían sido los responsables de
asesinar a mi clan. Yo sé que te dije que era huérfano, y es verdad, pero nunca
te dije que tenía recuerdos de mi familia. Recuerdo bien a mis padres, a mi
hermano recién nacido. Yo estuve ahí el día en que llegaron con sus comandos y
arrasaron con todo. Nunca te conté esas cosas porque no quería agobiarte con mi
pasado. Y a medida que iba avanzando en mi investigación, lo peor aún no
terminaba: descubrí también que, en el día de la masacre, ellos dieron por
muertos a todos salvo a uno. Pero la realidad era que habían sobrevivido dos;
un extra se les había escapado; nunca se dieron cuenta. La otra persona que sí
habían considerado no era sino alguien que nunca recordaría lo sucedido,
alguien a quien fácilmente podrían manipular. Según los registros, habían
dejado vivo únicamente… solamente…a mi
hermano menor.”
Sus lágrimas cayeron junto con las mías en
esos momentos. Unas en el pasado, otras en momento presente, pero ambas con el
mismo dolor.
<<No es cierto… no
es cierto… todo tiene que ser mentira… >>
“Descubrí que estabas vivo, que no te
habían consumido las llamas. Si ya te tenía aprecio como amigo, cuando supe la
verdad me llené de dicha, pero también me dolió y me llené de culpa. Me sentí
fatal por no haberlo siquiera intuido, yo quien había tenido recuerdos tuyos,
yo quien se supone debía protegerte siempre; esa es la labor de un hermano
mayor. Luego, me llené de ira: recordando aquella noche, recordando lo que
había escuchado en la habitación de tus padres. Sentí que me habían quitado a
mi familia, que me habían robado a mi preciado hermano menor, y que aún más,
querían jugar con él y hacerlo trizas. No podía soportarlo. Por eso aquella
misma noche me dirigí a tu casa. No podía esperar. Abriste la puerta y grité
“Te odio” pensando que era uno de tus padres. Te quedaste pasmado, yo también.
Fue entonces que, al verte con tanta inocencia me calmé, te aparté lentamente
de mi camino y luego te pegué en la
cabeza para dejarte inconsciente, para que no vieras lo que iba a hacer. Te
escondí como hicieron mis padres conmigo aquel día, para que no te usaran de
rehén y ni te hicieran daño. Luego entré, y el resto tú ya lo sabes.
Despertaste sólo para ver a todos muertos a tu alrededor. Creíste que me
estabas deteniendo pero a esas alturas ya no había nada que detener. De verdad
lo lamento: aunque lo merecían, tú no sabías nada, y por esa falta de verdad te
causé mucho dolor y sufrimiento. Al final te hice vivir lo que yo de manera
injusta. Entonces me arrepentí de no haberte raptado simplemente y haberte
llevado conmigo lejos, aunque quizás, considerando lo poderosos que eran, es
probable que hubiera servido de nada. Fui cobarde; no supe enfrentarte en su
momento. Por eso huí de ti esa misma noche.”
“Quise contactarte años después, pero
entonces supe que querías matarme y que mi oportunidad de redimirme ante ti se
había esfumado, y era justo. No había hecho otra cosa más que hacerte daño. A
partir de ese momento decidí protegerte desde las sombras; fue lo mejor que
pude hacer, al menos hasta el momento en que juntara la suficiente información
para decirte la verdad. Por eso, y por todo el sufrimiento que tuviste que
cargar desde ese día, perdóname.”
Comenzó a sollozar. Jamás lo había visto
así… pero al mismo tiempo me negaba a creer que todo aquello era cierto.
“Lo lamento: al final no pude realizar mi
misión de estar a tu lado y guiarte en el camino. Cómo lo siento…”
<<Ya no sigas… no
quiero escucharte…>>
“Lo único que te pude ofrecerte, al final
de mi vida, fue mi cuerpo para que descargaras en él todo el dolor y
sufrimiento que llevabas dentro de ti. Todavía no lo vivo, pero sé que lo haré,
por eso lo digo de esa manera. Y aún y aunque me destruyas y me hagas daño, ten
por seguro que siempre te querré, que no dejaré de amarte. Te he hecho vivir
una vida miserable, y quizás diciéndote todo esto la haga aún peor, pero quiero
tener la esperanza de que, si alguna vez nos reencontramos en el otro mundo, al
menos me dejes abrazarte aunque sea una vez”.
Nuevamente se me resbalaron unas lágrimas
envueltas en confusión. La verdad no sabía que pensar. Era él, el que alguna
vez conocí. Y aun así… no entendía.
<<Eres un
maldito…>>
“Toda mi vida te la he dedicado a ti, aunque
posiblemente, nunca de la mejor manera. Por eso, con todos mis fallos y
desatinos… me muestro ante ti con la frente en alto y te digo que en verdad lo
lamento y que te quiero.”
Quería dejar de llorar, pero mis ojos no
me permitían hacerlo.
“Adiós, mi querido hermano. En verdad te
amo... lo haré siempre.”
Apenas terminó su parte, anoté el código
de la caja fuerte que venía al final y corrí a donde su despacho. Entré de
golpe y saqué con rapidez el contenido de la caja con desesperación. Miré y
miré. Mis ojos se desplazaban veloces sobre las imágenes y las páginas.
Documentos clasificados, radiografías, historiales médicos. Encontré también
varias memorias USB. Vi todo su contenido. Todo en 24 horas. Cuando terminé me
temblaban las manos, se me entrecortaba el cuerpo. Había matado a mi hermano y
ni cuenta me di en su momento. Él siempre entendió mi dolor, pero yo no pude
siquiera esbozar el suyo. Comprendí que él fue una víctima y yo también, y que
el de la peor parte fue siempre el primero.
<<Perdóname…>>
Como quise en esos momentos volver atrás y
evitar darle el golpe de gracia, y en vez de eso, darle un abrazo con todas mis
fuerzas.
<<Te querré
siempre…>>
El recuerdo de esas palabras me
atormentaba. Hubiera preferido que no me hubiera dicho la verdad, pero no podía
hacer nada: sólo pensar en que yo también lo quería, y que hubiera preferido
estar con él. Y cuando pensé en estar con él… cruzó en mi mente una posible
respuesta. Sí había una forma. De verdad que la había. Y fue entonces que tomé
el cuchillo que siempre cargo conmigo y lo clavé en mi cuerpo. Dolió mucho,
pero me sentí liberado. Me dio gusto sentir que la sangre caliente me abrigaba
de forma descendente. Me dio gusto sentir que mi juicio se desvanecía como el
humo de un cigarrillo; que las memorias
se disipaban con la oscuridad y que la luz de mis ojos se extinguía. Aunque
curiosamente, en mi último aliento, supe que en el fondo no había resuelto
nada.