Y ese tango que quizás calló demasiado tarde caló hondo en su cien, tiñó de azul lo que quedaba de su razón. Se puso de pie, arrojando la mesa de aquel bar por los aires, y subió al escenario para apropiarse del bandoneón que descansaba en una silla solitaria. Sus piernas eran tijeras, que al alternarse, cortaban en trizas el tenso aire que se respiraba, hasta detenerse en cuanto tomó asiento.
Como todo el mundo allí, conocía su condena y el tiempo que no debía pasar mientras él existiese y su cuerpo descansase en aquella prisión sin ataduras ni trampas. Aquella emboscada del espíritu era peor que el hambre más voraz por la muerte ajena.
Mientras arrancaba de urgencia las primeras notas de aquel instrumento, no dejaba de lamer su labio superior, deslizando la punta de su lengua sobre la sutura de su vieja herida, como en un comportamiento compulsivo que no le permitía olvidar quién era y por qué estaba allí.
"Yo vengo a ofrecer mi corazón" nunca había sonado mejor. Se trataba de una versión que no había sido imaginada jamás. Él lo sabía mejor que nadie, porque pudo pisar las tierras de la imaginación y volver de ellas para contarlo.
Mirada
La palidez de su rostro denotaba su ausencia, pero vos lo sabías y no te importó. Eran tus manos tan libres y su piel... Su piel suave y fresca, su piel impoluta. Ultrajaste su...
"...piel, es cuestión de piel, lo que nos llevó a..."
El periodista apuntaba cada palabra, en su cuaderno, con fruición.
"Perdimos la razón... perdimos la... cordura entre el whisky... y el humo"
Ahora su rostro se refleja en calma, pero el tuyo llevará por siempre esa expresión. Una expresión de ternura... y vergüenza... y..."
El periodista miraba hacia ambos lados, como buscando un por qué. Su entrevistado perdía su mirada en puntos nómadas que rodeaban su rostro.
"Yo no la maté. Usted lo sabe"
¿A quién le importa? No buscan un culpable sino una víctima. Es tu turno.
El periodista miró a los ojos a su entrevistado, quien a su vez le devolvió la mirada.
"Sólo completé el ritual. Como me pidieron"
Pudo escucharse el sonido de un trueno. Por la ventana, algunas gotas se filtraban, mojando el parquet.
El periodista tomó su cuaderno, lo cerró lentamente, y se marchó en completo silencio.
Calvicie
De nuevo en su celda, cantó una canción de cuna. La cantó para dormir a todos sus temores. Se arrepentirá toda su vida de lo que no ha hecho para estar allí, pero él no es de las cosas que se suicidan.
"Mi corazón / de cenicero / el amor pazguato / y el amor sincero..."
Frotó una mano grasienta sobre su propia calvicie, y sintió un escalofrío.
"Estás aquí de nuevo" pensó, porque no eran necesarias palabras para dialogar con el invasor. Un pensamiento que juraría ingresó por su oído derecho, como raíz de metal, como la germinación más dolorosa, le contestó: "Es que tú no lo impides"
Dedicó una risa a cada lágrima, aclaró su garganta y no dijo nada. "Tú eres la verdad, no yo. Sabes como son las cosas. Podrás hacer lo que quieras con mi cabeza, pero no seré yo quien se pudra en la cárcel".
Se presentó un silencio, en el que creyó escuchar una carcajada. "¿Cual cárcel?" No veo ninguna. Aquí es donde yo comienzo a preguntarme qué has querido decir, ¿Verdad? Habla".
El hombre calvo estiró parte del cuello de aquel molesto uniforme naranja, intentando librarse de un calor intenso, buscando capturar algún resquicio de aire fresco.
"No tengo nada para ti. Cada tú que intentó invadir mi mente ha fallado. Porque todos tienen la misma ambición y ninguno un plan B". Luego de callar esto, comenzó a toser, aumentando la intensidad, durante varios segundos.
Esta vez ingresó por su oído izquierdo: "¿Estás comenzando a enfermarte? Ahora no, vamos, la diversión apenas comienza".
Pero del hombre sin cabello no obtuvo un sólo pensamiento más. La tos incrementaba hasta convertirse en convulsiones. En cualquier momento llegaría el guardia a abrir las puertas de su celda, como todos los días, como todos los instantes.
"¡Vomita, por amor a Dios!" gritó sin voz, y así fue... Algo comenzó a salir de su boca. Una calvicie. Un traje naranja. Y una canción de cuna.
"Mi corazón / de cenicero / el amor pazguato / y el amor sincero..."