Launchorasince 2014
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Palabras de amor


Palabras de amor tenía entre mis manos, con un poco de café y la mente despejada, las comencé a leer, contaban cómo a lo largo de los años un amor con fervor irremediable crecía, como en su desmesura por este nuevo sentir no podía detener esos sentimientos que ahora plasmaba en papel y con sonrojo se las dirigía a la persona con la que quería pasar sus días venideros, contaban que en sus noches de frío aire, ella se mantenía cálida con sus pensamientos un poco dudosos, y ahí, en la oscuridad, la luz tocaba su ventana, el agua fría de casual llovizna que decidió bailar con la noche, no la tocaba, no sentía frío, sentía calidez en su pecho. Contaba como había soñado el futuro, como daría lo que fuese, incluso si dañada era en el proceso, contaba como se visualizaba ella sirviendo un poco de café y un delicioso entremés hecho con el amor de una madre, llamaba a su amado y a sus niños, como les acariciaba el pelo, les daba una sonrisa.

Un sorbo del café que por cierto, su dulzura fue omitida, y una lágrima, que por cierto, su salinidad le ganó al amargo del café, acaricié mi cara, acaricié la carta, acaricié mi corazón y le susurré “falta poco”, seguí leyendo.

Como floreció su amor, como se fortaleció y como osó a escribir la carta, contó también sus días, en los que dudaba si alguna vez la notaria, pero sabía que su amor triunfaría, sus amigas, notando su enfermedad de amor, le recomendaban serenar su corazón y no pensar en arriesgarse “ese hombre no te merece”, ella sumisa, con sus pómulos rosados (los cual recuerdo, son hermosos), aceptaba las condiciones impuestas, no decía nada, pero que al saber que ese hombre que tanto amó, alguna vez la vio desde lejos, ella decidió ignorar las restricciones.

En el último párrafo respuesta pidió, una fecha y lugar dio.

El día de la ansiada respuesta, me vestí con mi mejor traje, cepillé mi cabello, aquel perfume que en la repisa yacía, ya no más, en mi cuerpo ahora residía, limpié mis zapatos y me dirigí al lugar. Era un día nublado, muy apresurado, temprano había llegado, en una banca acallado, de lejos la vi, hermosa figura, ilusión en sus ojos, colores con un desparejado tema al cielo gris.

Se acercó y yo desde mi banca vi, dijo las palabras ansiadas y bajó la cabeza, en mi mente con voz calmada pensé “estúpida, no te avergüences”. Me puse de pie y me aleje lentamente, ella y él camino contrario tomaron, abrazados, sus sentimientos fueron aceptados, y ese día no llovió.

Regresé a mi hogar, acomodé mi silla, respire profundo y reí un poco, pensé en mi amada un poco más, me serví un poco de café, me quite mi traje, me desacomode un poco el cabello y me senté a leer la carta de nuevo.

Desde el inicio, sabía que esa carta no era para mí.