Launchorasince 2014
← Stories

Risas provocaba


Risas provocaba, digeridas eran por las masas, pero un mal sabor dejaba en su boca, el trabajaba todos los días por unos centavos y algunas veces por su maquillaje tomaban esa como su única faceta, era un payaso. Decía cosas que a los niños alegraba, decía lo correcto para que las niñas dejaran de llorar, nunca arrugaba su cara, una sonrisa pintaba, llenaba globos con su aliento para ceder al que desdichado pasara por su ruta, saltaba en un pie cuando se lo pedían, tocaban su nariz roja sin su consentimiento, pero él no daba nada más que una sonrisa y les mostraba su flor

Después de su trabajo el llegaba a su apartamento, encendía su cigarrillo, se servía un poco de ron, veía la ciudad desde la ventana de un tercer piso y poco a poco se removía el maquillaje, se deshacía del blanco, se borraba el rojo, los colores de su pelo caían al suelo, daba un bocanada profunda al cigarrillo, se quitaba sus guantes, guardaba sus herramientas, veía las pocas cosas que le pertenecían, terminaba de beber su ron y arrugaba un poco su cara, se iba a dormir.

Pasaron sus días, el tiempo cada vez marchitaba a ese pobre hombre, pero cuando el maquillaje cubría su cara, pintaba una sonrisa, ojos saltones, ocurrencias graciosas, cuando los niños eran crueles, él nunca les dirigió palabras hirientes, regalaba sus famosos globos, aunque ya exhausto, su pelo era de colores, sus rojos pómulos arrugados por la mueca, era un payaso.

A las fiestas que asistía, de la felicidad se presumía, sus extremidades le dolían, pero él su buena cara ponía. Alguna vez cuando en el entre tiempo disfrutaba su cigarrillo, una niña se le acercó, él con presura la expelió del lugar, la niña lloró, él la abrazó, en su regazo la acogió, si le apetecía un globo le preguntó, la niña negó, el entonces apagando su cigarrillo, dando un respiro de aire puro le preguntó sobre el problema que le afligía, la niña con sinceridad y pureza en sus ojos, sus problemas le contó y con una frase devastadora su historia concluyó “quisiera ser tan feliz como tú”, el payaso, con una broma para desquebrajar el mal ambiente en el que sumergidos estaban, hizo reír a la niña, le acomodo su cabello, le secó sus lagrimas con el pañuelo rojo que en la bolsa de su pecho portaba, pronto muchos niños llegaron preocupados por la niña, la niña se volteó y se alejó, alguna vez cuando el entre tiempo acabó, plancho su pantalón con sus manos y volvió al trabajo.

La fiesta termina, la gente se iba, nadie se despedía de él, su paga con cara baja recogió, la niña le sonrió, él, su último globo le dio y a su casa se marchó.

Volviendo al vicio del alcohol, él, divisando las personas que en la calle hacían pasarela, aun cargando su pesado maquillaje, pensó en las palabras que alguna vez una niña llorando le dijo, con su mirada perdida, dejo caer su ron, el suelo lo disfrutó, él, intentó encender un cigarrillo, sus manos ahora temblorosas no lo permitieron y por primera vez las lagrimas invadieron su faz, miró la ventana, buscó a su lado quien lo detuviera, recordó que no era feliz.

Al día siguiente en primera plana del periódico una noticia golpeó: Noche de poca gracia, suicidio de un payaso.