Ahi fue cuando lo vi, caminando con su aire angelical y su belleza de crema. Sus ojos perlados me encontraron y me sedujeron con una única y colosal mirada. Sentía calor, su espíritu se encontraba en llamas y por ello, llevaba empapada su colonia de flor marchita. Ardía en sus ojos, en su vicio y en su piel, piel blanda y deliciosa. Ardía como la última gota de la tina del demonio, demonio hermoso y amante. Su amado no aparecía y con ello las miradas aumentaban. De los ojos nos desplazamos a la boca, inocentes y picantes sonrisas, sus labios; inflados de placer y sangre, me tentaban a probar tan aquel letal fruto. Frutales árboles de prohibición nos observaban, tan quietos y sigilosos como la muerte; pero escuchaban, atentos, cada uno de nuestros pensamientos eróticos y egoístas. Nos deseábamos y la mutualidad era obvia, tanto en carne como en pensamiento. Me volvía loco la idea de entrar en su mente y seducirla desde adentro. Adentro del rústico lugar se encontraba el amado, sale y el sudor comienza a saludar. En poco tiempo el clima de excitación se hace obvio y la piel del amado se eriza. Lo besa con intención perversa y celosa. Poco a poco se alejan y con ellos el olor a sexo ajeno.
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.Sexo Ajeno.
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Me gusta escribir cuando siento , me gusta sentir cuando escribo
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