Launchorasince 2014
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Tarde Gris


   Estoy sentada, toda de gris. Miro el vacío que me rodea; mas no es vacío sino un ambiente muy colorido, lleno de cuadros y lirios. Me miro los cordones. Se cruzan, se cruzan y vuelven a cruzar, todos enredados, como mis pensamientos. Levanto la vista, miro la pared. Allí hay un espejo que refleja mi ser. Cabello marrón, vestimenta que iguala mi pesar interior. Me siento rara, triste no estoy, no sé cómo me siento pero lo que sí sé es que mi corazón no está contento.
   Un dolor de cabeza me atornilla la sien. Celeste viene a preguntarme si me encuentro bien; ella es la persona que nunca me canso de ver. Le sonrío, me sonríe. Nuestras miradas se encuentran y en sus ojos veo todo lo que nos conecta. Ella me hace feliz, más feliz que cualquiera. Me ayuda a combatir la enfermedad que a mi vida envenena. Como de todas formas voy a morir, sería lindo hacerlo de esta manera: con sus ojos en los míos y mi corazón dentro de ella.
   De repente, una astilla en mis entrañas me corta cual guadaña. El pecho se me estremece y mi vida se desvanece. Caigo al suelo desplomada y Celeste, desesperada toma mis manos entre las suyas y las besa; sé que está destrozada. Le sonrío, me sonríe. Nuestras miradas se encuentran y en sus ojos veo todo lo que nos conecta. Con un último esfuerzo y un aliento desesperado, le susurro al oído: "Siempre vas a estar a mi lado". La escucho sollozar y pienso- Ya no llores, mi amor, ahora me voy a un lugar mejor. Un te amo sale de sus labios y me pongo a recordar esos hermosos momentos que me hizo pasar. Mis ojos ya cerrados, mi mente se nubla, mas en mi boca permanece una sonrisa que deslumbra.

   Morir es fácil, la vida es lo difícil. Por eso les regalo mi última oración; una llena de amor, confianza y comprensión.