Launchorasince 2014
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El Herrero y el Niño

No había manera de entender como un montón de Krecks salieron de la nada, infestando el pueblo completo en menos de unas cuantas horas. Y aunque todos los aldeanos estaban bien familiarizados con estas pestes locales, ninguno de ellos habían visto a los Krecks salir a borbotones y en enjambres como lo estaban haciendo, tampoco habían visto sus formas mas robustas y enormes, que fueron llamados rápidamente guardianes.

Cosas extrañas habían estado pasando por todos lados, Los Gran Lobo Blancos estaban bajando de las montañas de Poctum, Águilas Reales avistadas sobre las montañas de Gorbak, y explosiones devastadores donde focos rotos (magos) habían aparecido de la nada y desvanecido igual de rápido.

Eran tiempos peligrosos, y la población del recién retomado pueblo de Seita no fue eximida de estos eventos.

Eiler Verasum era un niño fuerte para su edad, con tan solo doce años y muy atlético, habilidoso en la cacería y un buen nadador. Ahora, estaba atrapado en la casa mas lejana al sur del pueblo con Aida Bariar, la hija del herrero local.

-¡Palos y piedras! No están rodeando, van a llegar a la ventana trasera- dijo Eiler mientras se escabullía por la ventana del frente, a través de la pequeña sala, hasta encima de la mesa de madera de la cocina.

Sus pies se movían sin hacer mucho ruido en la tierra sin tablas, la casa llevaba algún tiempo abandonada, sus partes fueron saqueadas desde el primer día. Por suerte todavía tenía las ventanas y un techo completo.

-No te muevas tanto o te escucharán!- suspiró Aida con preocupación, tratando de tomarle por el brazo y fallando – Ellos no escuchan nada, no tienen orejas!- respondió Eiler con rapidez mientras veía a través de los agujeros en la madera –Entonces por qué estas caminando en puntillas?- preguntó ella mas desafiante que curiosa –obvio en realidad, ellos no oyen, pero sienten a las personas si se mueven o pisan muy duro- explicó el niño en suspiros. Ella se mofó con una expresión asustada.

El pequeño pueblo parecía estar cubierto por el enjambre Kreck; todo menos las barracas se veía completamente abarrotado por las criaturas insectoides.

Alson Bariar, el herrero local, corría hacia las barracas blandiendo su mazo con la mano derecha y su espada corta con la izquierda. Era un hombre robusto, con barba negra y de brazos fuertes y piel endurecida, sus brazos y cuello estaban cubiertos de cicatrices viejas y moretones. Los milicianos y soldados se dieron cuenta que el hombre estaba en gran necesidad de ayuda, y aunque ninguno de ellos asumió el comando ni tomó iniciativa en esta crisis, todos ellos gritaron a los Krecks, blandiendo sus horcajos y espadas a estos, empujándolos hacia atrás, así creando una abertura para que el herrero pasara.

El espadachín más lejano a la izquierda fue cortado rápidamente por las colas afiladas de los insectos, este blandió fuertemente en frente de él, golpeando sólo al aire, muchos aguijones perforaron su pecho y piernas. Soltando su espada para sacar las colas afiladas de su pecho, otra criatura saltó hacia él con los aguijones al frente, cortándole el cuello y perorando su pecho un poco más. Arrodillado, el hombre balbuceó – ¡flanco izquierdo caído!- completamente ensangrentado, cayó al suelo agonizando, los Krecks aún perforando su cuerpo. Gorel Sturren era su nombre.

Cuando el herrero pasó, todos los hombres se recogieron a una posición defensiva, ninguno dispuesto a recoger al caído dentro de las barracas. El herrero vió hacia el cuerpo –Que puedas descansar en Terra- dijo solemnemente, entonces volteó hacia la milicia dentro –¿Dónde está el sargento? ¿Cuál es su plan?- preguntó con voz profunda y fuerte.

-El sargento Bord está muerto, murió en la primera ola- dijo uno de los soldados a su derecha- estamos perdidos- dijo otro, sacudiéndose la sangre de la cabeza –No hay esperanza sin el Ejército de Exar o Las Águilas para que nos ayuden- balbuceó otro llorando, con su espada viendo hacia abajo. Los demás simplemente se quedaron de pie en silencio, unos asintiendo y otros cuidando la puerta.

-No estoy listo para morir aún, mi hija está ahí fuera y debo encontrarla, ya sea para salvar o para enterrarla, pero no puedo dejarla sola- Dijo Alson fríamente, la milicia afirmó con sus cabezas, ya que veían resolución en sus ojos y en su voz, cosa que ninguno poseía.

-No sé nada de guerra o batallas, pero si puedo forjar las herramientas y armas y sé como blandirlas para sacar sangre, es suficiente para mi, quiero sacar a mi hija de este foso y ustedes me ayudarán ¿me están escuchando?- preguntó el herrero sin ninguna empatía en particular, más como un padre severo sermoneando a sus hijos.

Todos asintieron, parecían bastante desesperados como para seguir a cualquier con voz de comando, y aunque el herrero no era ningún general, era respetado y conocido por su fuerza.

-Prepárense y quítense el sudor de los ojos- dijo uno de los espadachines levantándose después de amarrarse sus botas de cuero. –Con respecto a su hija, señor herrero, ella fue avistada con ese muchacho Eiler en la casa abandonada del sur- reportó el joven soldado con voz temblorosa. Alson simplemente asintió y empezó a caminar hacia la entrada, donde cuatro hombres bloqueaban la puerta con una mesa de madera, uno de ellos atravesando a cualquier Kreck que intentara empujar o cortar su paso hacia adentro.

-Prepárense todos, tenemos que pelear nuestro camino hacia esa casa- ordenó Alson con postura exigente, todos ellos se prepararon.

De vuelta en la casa al sur, Eiler y Aida se mantuvieron inmóviles al lado del marco de la ventana y escuchaban a los insectos abarrotando todo rededor de la casa, tratando de perforar para entrar. Incluso con lo peligros que era esas hojas y aguijones filosos de los Krecks, no tenían la fuerza para destruir un objeto sólido, a menos que se aglomeraran sobre él, e incluso así les tomaría un buen tiempo romperlo.

-No te preocupes, tengo una idea, abriré la puerta y tú la cerrarás detrás de mí, yo correré al este y los atraeré, y cuando sea seguro el camino corres hacia donde esté tu papá ¿ves? ¡Un plan perfecto!- explicó Eiler con un entusiasmo fingido, siendo tan joven, él entendió muy bien el concepto de la muerte a una muy temprana edad, también había escuchado historias de héroes y hombres valientes que lograban hazañas imposibles “Eiler Verasum, el Salvador de Seita” pensó para sí mismo para cubrir esas ideas lúgubres y poco probables de él siendo rebanado por los Krecks. –Estás demente Eiler, los dos moriremos apenas abras la puerta, vamos a esperar aquí, esos insectos se irán a otro lugar, o si esperamos a la noche, se paralizarán ¿verdad?- ofreció Aida como propuesta, recordando que la mayoría de los Krecks se paralizan de noche porque son completamente ciegos en la oscuridad y dependen enteramente en la luz del sol –Buena idea, esperemos- dijo el muchacho, convencido rápidamente y feliz porque su amiga le había recordado la debilidad de las criaturas, sacándole la idea suicida de su mente.

Mientras esperaban a la noche, echados en el suelo de la casa, Eiler notó que el ligero temblor del suelo cesó, y luego una serie de golpes pesados fueron escuchados, sus ojos se agrandaron viendo a Aida- Los guardianes de están mov...argh!- Garras del tamaño de una carretilla de manos destruyeron la mitad de la pared frontal de la casa, mostrando detrás del humo la forma de un Kreck rojo gigante, una criatura de 2 metros de alto, con coraza natural, de apariencia insectoide y corpulenta que podía cortar un caballo a la mitad de intentarlo.

-¡Corre!- gritó Eiler cubriendo su cabeza, Aida tenía un golpe en su frente, ya que un pedazo de madera le golpeó cuando esa parte del techo cayó, Eiler la tomó del brazo y echó a correr hacia la ventana trasera, la abrió y miró hacia atrás, el insecto imponente seguía destruyendo el resto de la casa y haciendo su camino a través de los escombros – ¡apúrate!- gritó él, Aida saltó fuera de la casa solo para enfrentar docenas de Krecks, instintivamente se cubrió la cabeza con sus brazos, pero las criaturas se movían muy lento ahora, se dio cuenta que la falta de luz estaba tomando efecto –¡se están congelando!- gritó triunfante –Si ¡pero él no!- dijo Eiler al saltar, ambos niños empezaron a correr a través del enjambre de insectos que se movían incluso más lento aún, todavía siendo peligrosos y latigueándolos rápidamente, pero fallando contra la velocidad de los niños.

Era sólo cuestión de tiempo que fueran cortados y aruñados, pero ninguna cortada suficientemente seria como para ralentizarlos.

No lejos de ahí, los hombres del herrero peleaban su camino hacia el sur, gritando y peleando la batalla de sus vidas. Alson notó que los niños corrían a través del enjambre – ¡Nos movemos al sur! ¡Aida, por aquí!- gritó fuertemente por encima de los soldados y ele enjambre ralentizado, que no parecía detenerse completamente en la noche, pero eran muchísimo menos peligrosos.

Los niños corrieron a través, mientras el guardián Kreck, seguido por otro más, los perseguían sin pausa, aparentemente sin ser afectados por la falta del sol. Los guerreros formaron un circulo defensivo rededor de los niños – ¡Aida! ¿Estás bien niña? ¡Gracias a los vientos!- gritó Alson al ver a la niña prácticamente sin heridas dentro de un campo de batalla tan peligroso.

¡Si estamos bien!- respondió Eiler –pero si esas bestias insectos nos alcanzan ¡estaremos muy mal!- dijo señalando a los guardianes que empujaban al resto de los Krecks para hacerse camino hacia ellos.

-¡Que el Emperador nos proteja!- gritó uno de los soldados, mientras unos Krecks lo latigueaban con los aguijones. Los Krecks ya no eran un gran problema, mientras no se descuidaran, pero cuidarse de los Krecks y pelear con esas nuevas criaturas era una tarea completamente diferente. Sintieron como su brote de energía se desvanecía, a cambio de un miedo nuevo que se posaba en sus espíritus. –¡Retirémonos a las barracas!- gritó Alson.

Empezaron a empujar su camino a las barracas, pero no lo suficientemente rápido como para evitar a los guardianes que se acercaban, blandiendo y jadeando los soldados pelearon su camino de vuelta justo a tiempo para que entraran la mayoría de ellos a las barracas –¡van a romperlo todo, son suficientemente fuertes para romper las casas!- gritó Eiler a Alson -¡Silencio muchacho, yo los atraeré hacia mí, ustedes métanse en la casa, protege a Aida!- respondió el herrero, lanzando una roca al guardián que estaba peligrosamente cerca de ellos.

El guardián blandió su garra hacia Alson, quien esquivo por poco el ataque sorprendentemente rápido – ¡Padre no!- gritó Aida, mientras ella y los demás se metían en las barracas. Sin embargo el otro guardián giró hacia el edificio y se estrelló contra él. -¡No, pelea conmigo monstruo estúpido!- Alson le gritó al segundo guardián, que lo ignoró completamente.

El insecto inmenso intentó agarrar y apretar a Alson varias veces, llevándolo hacia la plaza del pueblo, donde docenas de aldeanos yacían muertos, cortados y cercenados violentamente por el enjambre. El segundo guardián empezó a golpear el edificio, los soldados y niños se apretaban contra la pared opuesta – ¡tenemos que escapar o moriremos!- gritó otro guerrero, abriendo la ventana y señalizando a todos para que salieran por la ventana –¡muévanse rápido!-.

Todos empezaron a saltar por la ventana así como la criatura terminaba de partir el techo y las paredes, abriéndose camino como pies a través de la arena –¡Láncenle algo, atáquenlo de alguna manera!- gritó Eiler, confundido por la cobardía de los soldados –ustedes tienen espadas y pinchos, apuñálenlo por amor al Comandante!- la mayoría de ellos simplemente salieron del edificio sin ver atrás. Eiler hizo tropezar a uno ellos y le quitó la espada cuando este cayó -¡corre cobarde, yo salvaré tu trasero!- Y en tanto agarró la espada corta con sus dos manos, el guardián terminó de romper la barraca, haciéndole sombra a Eiler bajo su masiva envergadura.

Hubo un momento de silencio, donde los soldados, niños y criatura se mantuvieron inmóviles, como presenciando el silencia antes que la vida se terminara para uno o el resto.

De vuelta en la plaza, Alson batallaba la criatura lo mejor que podía, pero ningún herrero común con armas comunes podría hacerle daño a esta criatura, su armadura muy gruesa para perforar, su fuerza demasiada para igualar. Sin embargo Alson había hecho mella una que otra vez con su blandir salvaje hacia ella, y la criatura era rápida pero eficiente. Alson podía al menos ralentizarla y esperar a una abertura.

La criatura lanzaba sus garras contra el herrero y el bloqueaba, volvía a atacar y Alson esquivaba, pero mientras la pelea se prolongaba Alson se iba cansando, y retrocediendo se tropezó con el brazo de un aldeano muerto. El guardián se movió rápidamente y lo atrapó entre sus garras, él gritó con mucho dolor mientras la criatura lo apretujaba mecánicamente.

La sangre manaba de su boca, el sonido crujiente de sus costillas le hicieron saber que iba a morir, sin embargo agarró las puntas de la tenaza y trató de forzarse fuera del agarre, pero fue imposible igualar la fuerza de la tenaza gigante.

Alson miró fijamente al cumulo de ojos del guardián y recordó a su pequeña niña siendo una pequeña en sus brazos, la imagen de ella cabalgando un caballo por primera vez, su inocente risa cuando él le hacía morisquetas, y la noche que su madre murió, como se abrazaron con tristeza. Todos esos momentos atravesaron su mente y el dolor se entumeció en sus costillas, la presión era demasiada –Lo siento Aida, hubiera querido verte crecer- le suspiró al aire.

La bestia apretó más, pero sus tenazas no se cerraron como esta esperaba, las venas brotaban en los brazos de Alson, su yugular creció por el esfuerzo de sus brazos al igualar la fuerza del agarre del monstruo –Yo…urghh… ¡quiero vivir!- Gritó en lágrimas mientras forzaba la tenaza con brazos temblorosos, sus ojos fijos en los del guardián. El sonido de que algo se había roto le hizo saber que la tenaza había perdido fuerza; él cayó al suelo, tomando un respiro.

La criatura lo atacó rápidamente con su otra garra, Alson bloqueó atrapando las parte exterior de la tenaza –¡Viviré!- gritó y la sangre manaba de su boca, sus ojos llenos de sangre y de su torso brotaba el liquido de vida al suelo. Repentinamente un silbido pasó cerca de su oreja y golpeó el cumulo de ojos del guardián. Él reculó y empujó la garra lejos, rodando hacia al lado opuesto para retomar su espada, dejando un rastro de sangre.

La criatura quebró la flecha y se movió en la dirección aproximada de donde provino la flecha, dos silbidos mas y dos flechas entraron rápidamente en la boca de esta cuando la abrió. El guardián de congeló, cayendo al suelo con un gran golpe, burbujas brotaban de su boca.

Alson recuperó su espada, se levantó haciendo un esfuerzo y enterró su espada en el cumulo de ojos de la criatura hasta el mango, la criatura dejó de moverse. Volteó entonces en la dirección de la flecha, una silueta negra se movió rápidamente entre la planicie, “un águila” pensó, cubriendo sus heridas con los brazos.

Al otro lado, tres soldados yacían partidos en el suelo y otro estaba siendo aplastado por la tenaza del guardián. Eiler golpeaba las patas de la criatura frenéticamente como su adrenalina le permitía, haciendo poco y nada de daño, y el resto de los soldados se cubrían con armas en frente.

Aida se escondía entre ellos, llorando aterrorizada.

El guardián tenía problemas buscando y blandiendo a Eiler, era rápido y listo, la criatura era muy lenta para él y Eiler demasiado débil para matarla -¡Tiene puntos débiles en las articulaciones, ojos y boca! ¡Lacen piedras o algo!- Le gritaba este a los soldados mientras brincaba y esquivaba y golpeaba rededor de las patas de la criatura. Aquellos que habían intentado anteriormente estaban muertos, pero la milicia y espadachines restantes no tenían el coraje para enfrentar a la criatura que había partido a sus amigos en pedazos.

En movimiento repentino, el niño rodó entre las patas del guardián, y cuando la criatura volteó para enfrentarlo, pisó el pie del niño, aplastándolo. Aida se sorprendió y Eiler soltó un grito mudo del dolor, los soldados se movieron para atacar a la criatura, pero el guardián no les prestó atención. Su presa estaba a su merced, se inclinó hacia Eiler y le atacó. Eiler se cubrió la cabeza con los brazos, nada pasó, con los ojos cerrados escuchó el choque entre garra y metal. Abrió sus ojos para ver un guerrero con capa negra y capucha verde, con un arco de Frigil, cortando la garra del guardián, el guerrero se movía tan rápido que el guardián sólo golpeaba aire cuando atacaba.

El guerrero encapuchado hacia llover golpes y cortes en la criatura con su arco de guerra, un arco de metal con filos para el combate a cuerpo a cuerpo y a rango, el arma insignia de las Águilas de Honor, los guerreros más reconocidos de la región de Exar.

Cuando el guardián atacaba, el guerrero giraba acrobáticamente, esquivando sus ataques y cortando a la criatura en sus partes blandas, si los demás no hubieran estado ahí presenciándolo tal velocidad, ninguno lo hubiera creído. En una ráfaga de golpes y cortes consecutivos, el guardián cayó cortado en muchos lugares. Apenas la bestia tocó el suelo, el guerrero encapuchado se arrodilló al lado de Eiler –presiona tu pierna por encima de la herida, lo hiciste bien muchacho- entonces le puso un ungüento negro sobre la herida del muchacho –Esto debería curarse en dos días, pero debo moverme ahora-

Los soldados estaban atónitos de la velocidad y letalidad del Águila y se movieron hacia él lentamente –gr…gracias señor, nosotros…- El águila posó su mirada en ellos, mirándolos con desdén con ojos brillantes –Curarán a este niño, y al hombre en la plaza, son los únicos hombres que he encontrado esta noche aquí, volveré en diez lunas, si están muertos para entonces, escóndanse lo mejor que puedan, porque un águila los estará cazando- dijo fríamente y sin pausa. Ellos simplemente asintieron nerviosamente y se apresuraron a ayudar al niño.

Aida volteó en la dirección de la plaza y vio a su padre sucumbir en su caminar hacia ellos. -¡Padre!- gritó ella, corriendo hacia él. Alson cayó al suelo, pálido y débil.

-Padre, no te preocupes, te curaremos, déjame buscar la medicina- dijo Aida apresuradamente, Alson sonrió y cerró sus ojos –Está bien Aida, te amo mucho, dile a ese terrible muchacho que quiero que te proteja mientras viva. Es un buen muchacho- Aida le sostuvo las manos y lloró en su pecho, él le acarició el cabello y le besó la frente, justo en el moretón que tenía – listo, listo ya estás bien, ahora vuelve…ahí fuera…a jugar…- suspiró Alson el Herrero, y exhaló su último aliento.

Los demás se reunieron alrededor de él, con Eiler en una camilla improvisada, el águila se arrodilló, chequeó el pulso del herrero, cerró sus ojos – Que los vientos lleven tu viento, hombre valiente- dijo gentilmente y se levantó –Ustedes no dormirán esta noche si se hacen llamar soldados, matarán a los Krecks restantes, no debería serles muy difícil, no se están moviendo en absoluto– ordenó el águila –hay sobrevivientes en aquellas tres casas, cuatro heridos en la casa principal por allá y unos niños en aquellos árboles, listos, los Krecks no escalan- instruyó a los soldados y se acercó a la niña –¿cuál era el nombre de tu padre?-

-Alson, Alson Bariar el Herrero- suspiró ella entre sollozos. Eiler dormía y los sobrevivientes restantes ayudaron a eliminar a los Krecks inmóviles. El águila se fue antes del amanecer, los soldados y sobrevivientes ayudaron a limpiar el desastre y enterraron a los muertos.

Y aunque la vida se había puesto muy difícil para aquellos que vivieron, vivieron. Gracias al sacrificio de un padre y el coraje de un niño. Gracias a un Águila de Honor errante.

Eiler recordaría por mucho tiempo la habilidad del águila y el coraje del herrero. Por mucho tiempo se esforzaría para convertirse en un guerrero, para proteger aquello que amaba.

Un día más transcurrió, y los vientos soplaron gentilmente sobre Seita.