Launchorasince 2014
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El Reecuentro


Cuando miré por la ventana y la vi con otro hombre, mi corazón se detuvo. Fue como si cada célula de mi cuerpo dejara de respirar, y una sensación de asfixia invadiera mi pecho.

La luz suave en la habitación, la música, eran detalles que producían en mí, un odio creciente hacia aquella preciosa criatura que tanto amé durante seis años.

En ese instante, en que creí haber descubierto su secreto, recordé todo cuanto había vivido con Alicia; la hermosa mañana de primavera en que la conocí, luego cuando casualmente nos topamos en la biblioteca pública, nuestra primera cita, el restaurante “Âme” donde le propuse matrimonio, la mudanza hacia esta casa. Todo lo recordé como un flash de una película.

Mis amigos decían que ella era una muchacha un poco extraña, no se le conocía familia ni amigos. No me importaba no saber nada de su pasado, permanecer junto a aquellos ojos azules y a esa melena rubia, era lo único que me interesaba.

En las últimas semanas Alicia había recibidos numerosos llamados. Noté que se exaltaba cada vez que contestaba el teléfono, y en la ocasión en que pregunté quién era, simplemente esquivo su mirada de la mía y salió de casa apresurada.

El día en que la descubrí con aquel hombre, yo había pasado toda la tarde en el hospital. Ingresaron tres heridos graves producto de un tiroteo. Realicé las cirugías durante seis largas horas. Cuando volví a casa, allí estaban, sentados juntos. El acariciaba sus cabellos y ella le sonreía.

En ese momento me decidí. No podía dejar que aquella persona destrozara lo que había estado construyendo durante tantos años.

Fui hasta la cochera y cogí un martillo de entre las herramientas. Planeé cuidadosamente cuales debían de ser mis próximos movimientos. Tenían que ser rápidos y precisos.

Desde la puerta hasta la sala de estar había tres metros, una vez abierta la puerta, debía dar velozmente el golpe en la cabeza. Así lo hice. Alicia no tuvo tiempo de reaccionar, y cuando lo hizo ya era demasiado tarde. Parte de la masa encefálica de aquel hombre estaba esparcida sobre la alfombra roja. Aunque ya estaba muerto dí un golpe en su pecho. Quería destrozar su corazón como él había hecho con el mío.

-¡Leonardo, Leonardo! ¿Qué has hecho? ¿Qué has hecho? Es mi hermano, es Alberto mi hermano. Gritó Alicia mientras lloraba convulsamente.

Entre desesperación y furia me explicó que había logrado encontrar a su único hermano, sus padres estaban muertos ya hace tiempo.

Deduje en aquel momento que el ambiente que había visto, los detalles, eran únicamente para aquel encuentro tan esperado.

Permanecí parado junto al cadáver mutilado, allí entendí que era un ser inocente. No lo soporté más. Había asesinado. Mi alma se derretía ante aquella abominable realidad. No lo soporté más. Corrí hasta mi despacho cruzando la sala. De mi bolsillo saqué la llave correspondiente a un cajón privado, y allí encontré el arma que era de mi padre. Quizás un pequeño trozo de metal pudiese hacer desaparecer esa sensación de vacío.

Alicia llegó unos segundos después. Aún estaba en shock.

Entonces fue cuando le dije cuanto la amaba y cuanto sentía haber arruinado su vida para siempre.

Me dí cuenta que era un asesino y que había destrozado sus razones para vivir. Toda su familia estaba muerta. Ya no me podría querer. ¿Qué mujer puede querer a un asesino?

Supe qué tenía que hacer. Le disparé a matar

Si, eso hice, la maté.

Al fin su familia se reuniría.

Si, así es, un pequeño trozo de metal me ayudó a calmar el vacío que había en mi interior