Y romperás el silencio. ¿Cómo? Con un suspiro.
Romperás el silencio con un inesperado y efímero suspiro, serendipia de tus ganas por estar a su lado.
No lo notaste, fue imperceptible para ti. En ese momento estabas tan concentrado en su recuerdo que no te percataste del suspiro que rompió con el silencio que te rodeaba.
Lo volverás a hacer.
Lo volviste a hacer.
Nuevamente vomitas un suspiro inesperado pero esta vez te percatas de ésta acción.
Es extraño, ¿por que de repente liberas suspiros que aparentan no tener razón?
¡Mentira! ¡Si tienen una razón, una gran razón!
Has suspirado por que su recuerdo se ha apoderado de tu mente y no te has percatado de ello. Peor aún es que no has podido liberarte del recuerdo.
En tu mente recuerdas la luminiscencia que produce el reflejo de la luz en sus bellos ojos. También has recordado el arrebol rojizo de sus mejillas que rodean esa hermosa sonrisa que ilumina su alrededor. Y cómo olvidar la meliflua melodía que produce su voz. Es increíble. Su belleza es inefable, pero no inmarcesible, con el tiempo padecerá.
Estas consciente de ello, o ¿no lo estás?
Sin embargo, lo que en verdad es admirable es observar, a través de las ventanas de su mirar, la hermosura que lleva dentro. Su cálida e increíble forma de ser. El amor que llena su corazón y que se ve reflejado en su vida. Es inmensamente linda y lo mejor es que su hermosura, a comparación con su belleza, si es inmarcesible.
Nuevamente suspiras de manera involuntaria, pero esta vez te percatas de la limerencia que provoca su inmarcesible hermosura en ti; entonces te decides a continuar.