"Dedicado a todos los que quieren y van a cumplir sus sueños"
Me subí en ese tren de arco iris yendo quien sabe a dónde, el boleto me costó un sueño, según leí en el diario, el tren te lleva hacia ese sueño, pero yo no escribí nada exacto. Algunos escribían:
-Quiero ser el mejor jugador del mundo- Dijo un niño morocho con un balón de fútbol en la mano.
-Quiero volverme el hombre más rico que haya pisado la tierra- dijo un hombre con traje gastado que tenía cara de no querer trabajar más.
-Quiero llegar a la cima del mundo- Dijo un hombre con cara de imaginar dragones.
Todas cosas así eran los sueños de la gente, yo escribí una palabra, no fue necesario nada más.
El Tren empezó a andar y no bien tomo velocidad, empezó a volar. Parecía uno de esos dragones chinos en el aire, aunque era bastante pequeño, solo tenía 2 vagones. Yo estaba del lado de la ventana viendo todo, viendo como las personas se volvía hormigas, como lo gigante se volvía minúsculo, como llegábamos a estar a la par de los pájaros.
Cuando ya estábamos bien arriba, apareció un hombre con traje blanco que nos miró a todos y nos dijo:
-En este tren no hay estaciones para llegar a los sueños, el tren jamás se detiene. Lo único que pueden hacer es saltar cuando se sientan listos, así se cumple los sueños.- y estaba por pero se volvió para decir algo que olvido- Si no creen que puedan cumplir sus sueños van a aquedar aplastados contra el piso- y me miro refiriéndose a mí.
Poco a poco, no sé cómo, la gente se empezó a tirar, pero no se tiraba con miedo, si no que con carcajadas y sonrisas de oreja a oreja. Yo trate de ver donde caían pero no podía, se perdían en las nubes y desaparecían.
Ya casi no quedaba nadie en el tren, solamente una chica que nunca dejo de ver por la ventana, pensaba tirarme pero no estaba seguro, y según el hombre de traje blanco, no sería buena idea tirarme si no estaba seguro.
Ante no saber qué hacer, me senté al lado de la chica, ella no noto mi presencia, me puse a ver lo que ella miraba tras la ventana. No me di cuenta, pero era el atardecer. Era hermoso, como el sol anaranjado pintaba todo su paso, era simplemente una de las cosas más hermosas y nunca me había dado cuenta de esas grandes maravillas naturales que teníamos presente siempre, hasta ahora.
-es hermoso ¿verdad?- me dijo la chica sin despegar la mirada del vidrio- este es mi sueño, poder ver el atardecer desde los cielos, simplemente lo amo, poder ver cosas como esta son tesoros que guardo en mi corazón ¿qué escribiste tú?- y me miro a los ojos.
Cuando lo hizo lo supe. Había encontrado mi sueño. Yo no tuve que saltar fuera del tren, yo ya había saltado cuando subí. Había cumplido mi sueño. Había encontrado amor.