Launchorasince 2014
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Suffers | One Shot


Está lloviendo, y soy la única que está en la habitación viendo como cada gota se desliza sobre la transparente puerta. Mi madre se asoma y me mira confundida, como si estuviera haciendo algo sumamente extraño.

―Cariño, tu padre te espera ―murmuró apenada.

―No quiero ir ―dije decidida.

―Muy tarde para cambiar de opinión… Lo siento…

Contra mi voluntad me levanté del suelo y caminé hacia la puerta que da a la desierta calle. La abrí y detrás se encontraba mi padre con su celular entre sus manos. Me miró sin expresión alguna en su rostro y comenzó a caminar hacia el auto estacionado frente a la oscura casa. Al notar que no seguía sus pasos se volteó y frunció su ceño, como cada vez que no le obedecía. Mi madre al verlo de esa forma me empujó levemente, dándome aliento a subir a aquel moderno auto. Quedé debajo de la lluvia, sin la protección del pequeño techo sobresaliente del marco de la puerta.

―Vienes conmigo ―exclamó enfadado mi padre.

―No quiero ir ―repetí.

Él amenazadoramente se acercó, con su mano levantada, preparado para golpear. Mi madre gritó para evitarlo, pero no hay nada que alguien pueda hacer para evitarlo.

Su mano impactó con mi mejilla y me lanzó al suelo. Ningún sonido o lágrima de queja por el dolor amenazó con salir de mí. Estaba acostumbrada y aquello era poco en comparación a lo que recibía día a día.

―¿Estás bien? ―dijo mi madre, acomodando mi cabeza en su regazo. Me senté junto a ella, la ignoré y me levanté del suelo. Mi padre seguía frente a nosotras, mirándonos aun con su ceño fruncido.

―No quiero ir ―dije por tercera vez.

Volvió a golpearme pero con menos fuerza y me arrastró hacia el auto, con mi brazo entre sus manos. Me lanzó dentro del auto, en el asiento trasero.

El camino fue de esos lentos, queriendo que nunca llegue al final para no sufrir lo que había allí.

Salió del auto y sin dudar entró a la casa. Yo me quedé allí dentro inmóvil.

―¿Quién te crees maldita? ―gritó del otro lado de la puerta. Lo miré inexpresiva y frente a mi respuesta abrió la puerta bruscamente, tomó mi brazo y me arrastró dentro de la casa. Extrañamente me llevó hasta mi habitación, cuando me lanzó en la cama allí fue cuando entendí que quería hacer.

―No quiero ―murmuré aterrada por dentro pero inexpresiva como siempre.

―Eres igual que tu madre, te encantará putita ―desabrochó su cinturón y manoseó mi cuerpo bruscamente. No podía impedirlo, ni podía negarme, no había nada que pudiera hacer.

Quité la mano que quería quitarme mi ropa interior, pero en consecuencia recibí un golpe en mi mejilla.

―Te dejarás putita… ―susurró en mi oreja para luego pasar su asquerosa lengua sobre esta.

****

―Yo quiero empezar ―dijo el rubio, llamado Sean.

Se acercó seductoramente y comenzó a besarme, a lo que me rehusaba completamente.

―Hazlo, mi padre ya lo hizo antes que tú ―dije cuando quitó sus sucios labios de los míos―. Ya no hay nada que alguien me pueda quitar.

―¿Tú padre te violó? ―preguntó confundido.

―Y lo sigue haciendo. Hazme el favor de matarme ―dije con frialdad.

―¿Por qué no te lastimas?

―Si quiero que me lastimen, le hago enfadar.

****

―No debes permitir que lo siga haciendo ―murmuró Sean.

―No hay nada que hacer Sean.

―Sí lo hay, ven conmigo.

―Casi me violas tú también y quieres que vaya contigo. No, me rehúso.

―Lo hago como buena persona, no quiero hacerte daño.

―Ya no hay daño que alguien pueda hacerme ―Se paró frente a mí y tomó mi cara amoratada entre sus manos.

―Pero puedo hacerte feliz ―dijo intentando hacerme sonreír.

―No tengo sentimientos para nada ni nadie. Ni lo intentes ―respondí con la misma frialdad de siempre.

***

―Iremos a la playa ―lo miré inexpresiva y sonrió malvadamente―. Lo disfrutarás…

*

Toqué el agua, y lo decidí; ese era el momento.

Él me gritaba, pero esos gritos parecían inexistentes; ya nada podía hacer que vuelva hacia atrás. Por primera vez en quince años volví a sonreír.

Al llegar al nivel en que el agua tapaba mi cuello; me dejé hundir y por primera vez me sentí en paz.



"Es indudable que no carece de valor el que tranquilamente se mata, porque se necesita de gran fuerza de voluntad para sobreponerse al instinto más poderoso de la naturaleza, y en una palabra, el suicidio es un acto que prueba más ferocidad que debilidad." François-Marie Arouet Voltaire