Launchorasince 2014
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Vagando en el camino


José camina entre el angosto sendero que han labrado miles de pisadas a través de los años, observa el suelo, la vegetación y de vez en cuando uno que otro animal. José no es hombre o mujer, no es indígena o mestizo, José no es un ser sumido en el ostracismo del individuo.

Diferentes: plantas, pastos y flores; distintos animales y colores que componen todos imágenes cargadas de indecible belleza, tierras que determinadas por distintos climas y composición, se parecen y anhelan, territorios donde las urbes megalodonicas y así voraces, conviven con los más apacibles poblados, tierras de acentos y de acentos entre acentos, tierras de nevados junto al mar, tierras de millones de canciones, tierras de escritores y poetas, de sonrisas y trabajo aunque también tierras de errar, de correr y de llorar.

Historias tristes se esconden tras las melodías, las penurias de millones en medio del periplo de su identidad. El camino de tierra apisonada por el que anda José está en Chiapas, como también está en La Paz, transita tierra guaraní, se adentra en Mendoza y se dibuja con deleite en el altiplano de los muiscas; es un camino eterno pero placentero, que rige el transitar de la sangre humana de un continente; que además de a estos hijos, también cobija y amamanta a otros varios miles de millones de vidas, vastagos que sin distinción tienen por deber custodiar con valentía el espacio que les ha dado el planeta, juntando músculos, líneas neuronales y alma en una sola masa poderosa y homogénea en su orgullo, pero preciosamente diversa.

José sigue plantando los pies por donde ya lo han hecho sus antepasados y hermanos, pisa con más fuerza donde el sendero se difuminaba, reflexiona que ni ruso, africano, anglosajón o croata, ha pensado y sereno se dispone a romper con la parsimonia de las acciones que han subyugado a la gran entidad a la que pertenece. José camina seguro y con el alma envolviéndole la carne, levantará la cabeza y se defenderá, defenderá a su madre, tanto del extraño como de mismo, si bien acepta el flujo de conciencias entre fronteras que son poco más que el concepto de tozudos y anticuados paranoicos; pero conoce que el primer paso hacia su autoconcepción autentica como vida, es la de su identidad no como salvadoreño o venezolano, sino como latinoamericano.