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Contra el tiempo -Cap 1

(¿hay prólogo? ¡Sí! Andá buscalo)


CAPÍTULO 1

Mi nombre es Elizabeth; Liz para mis amigos, Lizzie para mis padres. Tengo 18 años y actualmente vivo en Manchester, Inglaterra. Vivo con mi madre, padre, hermano y mi abuela. Hace dos años vivíamos en Japón y antes de eso en Ecuador.

Johanna, mi madre, tiene una increíble devoción por ayudar a los demás. Desde que tengo memoria, siempre se ha preocupado por el bienestar de otros y anda siempre en busca de soluciones para los problemas ajenos. También tiene una increíble pasión por la jardinería y de alguna manera ha logrado enlazar sus dos grandes aficiones: nuestro jardín está lleno de plantas medicinales; algunas sirven como materia prima para medicamentos comunes y otras son más como remedios de curanderos. Pero al parecer funcionan, porque en nuestra comunidad suelen acudir a ella cuando alguien padece de problemas de salud.

Adrián es músico. Tiene una voz profunda que deleita a todos quienes lo escuchen, es el mejor de la ciudad con el clarinete y lo hace bastante bien cuando toca la flauta traversa y el piano. Papá rara vez está en la casa durante las noches, porque forma parte de la Orquesta Sinfónica de Manchester, pero durante el día siempre pasa tiempo con nosotros.

Mis padres se conocieron en una gira a las Islas Galápagos cuando tenían veinte años. Mamá iba a aprender más sobre las plantas medicinales tropicales y papá había estado pasando tiempo con las comunidades indígenas de Ecuador durante todo el año. Su compañero de aventuras y amigo Felipe había insistido en que se tomaran ese fin de semana libre para poder hacer un poco de turismo antes de volver a España.

Papá siempre insiste en que desde el primer momento que vio a mamá sentada en el bote de camino hacia las islas, le pareció sumamente bonita. Cuenta que su cabello castaño claro parecía de oro con el reflejo de los rayos de sol y sus ojos brillaban de diversión mientras escuchaba los chistes que Felipe había estado contando durante todo el trayecto para entretener a los que estaban en la lancha. Quedó aún más fascinado cuando Johanna no dudó ni un instante en lanzarse al agua para recoger una de las maletas de los viajeros que había caído al agua.

Mamá no había notado la presencia de papá hasta la noche, cuando en la celebración de bienvenida trajeron unos instrumentos musicales y los dos amigos se pusieron a cantar las canciones que habían aprendido con los Tsachilas durante los meses anteriores. A mamá la hipnotizó la voz de mi padre.

Esa noche se presentaron y cenaron juntos. Papá atrasó su viaje de regreso para poder quedarse ayudando a Johanna con su investigación sobre las plantas medicinales. El pobre Felipe tuvo que devolverse sólo, pero dice que perdonó a papá por haberlo abandonado, solamente porque había visto la manera en que se miraban.

Después de eso, ambos decidieron quedarse en Ecuador por un tiempo. Ocasionalmente iban a visitar a sus familias; Adrián a España y Johanna a Argentina. Papá consiguió un puesto como profesor de música en la escuela local y mamá le vendía sus medicinas naturales a quienes lo necesitaban. Eventualmente ambos comenzaron a vivir juntos en la capital, Quito. Unos años después quedaron embarazados de mí.

Siempre hemos sido muy unidos y esto sólo aumentó cuando Alex llegó a la familia. Ya hace 10 años de esto, pero mi hermano no ha cambiado mucho. Ambos heredamos el cabello castaño claro y el carácter decidido de mamá. De papá tenemos los ojos color miel y la afición por la música. Lastimosamente nuestro bronceado se comenzó a desvanecer cuando nos mudamos a Japón y después de estar un par de semanas en Manchester, perdimos toda esperanza de recuperarlo al darnos cuenta de las enormes nubes grises sobre nosotros.

A Alex le han gustado todos los juegos que impliquen utilizar una pelota desde los tres años de edad. El futbol, beisbol, basquetbol y waterpolo son sus favoritos, pero felizmente juega cualquier otro que se inventen él y sus amigos. Ellos todavía tienen que asistir al instituto por algunos años más, pero después de esto estoy segura de que él será un gran deportista.

Hasta hace poco éramos sólo nosotros cuatro, pero mi abuela materna se mudó a la casa hace ya tres meses, después de que mi abuelo falleció. No fue una sorpresa para ninguno, ya que Papu había decidido compartir con nosotros la información de que le quedaban dos años de vida.

Desde que se implementó este asunto del brazalete, no se acostumbra a realizar funerales en donde todos se lamentan el no haber pasado más tiempo con el difunto. En vez de eso se celebra una fiesta un tiempo antes del trágico evento, en donde cada uno tiene la posibilidad de dar gracias y despedirse apropiadamente de la persona.

Claro está, todavía lloramos y lamentamos a los que hemos perdido. Mi abuela todavía no se recupera totalmente de la pérdida de Papu; a mí algunas veces me hace tanta falta que se me salen las lágrimas. Pero aceptar la idea de que la muerte es sólo parte de la vida nos la enseñan desde pequeños en el instituto. Es uno de los principales objetivos de este centro de enseñanza.

Por suerte, todavía tengo a mis abuelos paternos, que ahora viven en Croacia. Los vamos a visitar dos veces al año: Una en primavera y otra en otoño. Aunque no nos vemos tanto, siempre pasamos en contacto a través de las cartas. Es muy a la vieja escuela, pero la ilusión de esperar por un sobre blanco con una postal sin saber exactamente cuándo vendrá, no tiene comparación. Además, así puedo practicar mi croata.

Mamá tiene cuatro hermanas: Iliana, Maya, Alessandra y Valentina. Ellas pasaron las últimas dos semanas en casa. Todas querían pasar tiempo de calidad con nosotros, por eso dejaron a sus parejas en sus casas. Hoy al mediodía fuimos a dejarlas a la estación central del tren. Fue una visita muy emotiva y agradable, pero me alegro que ya se hayan marchado porque la casa estaba comenzando a parecer un mercado durante la hora de la cena. La familia de mamá tiene ascendencia italiana. Sin embargo, no está de más decir que comimos muy bien estos quince días.

Los hermanos de mi papá, Daniel y Diego también vinieron a vernos hace un mes. Trajeron a sus familias con ellos, pero tuvieron la amabilidad de hospedarse en un hotel cerca de la casa. Hacía más de un año que no veía a mis primos, así que fue una agradable estancia. Jugamos a las charadas hasta bien entrada la madrugada y hablamos a más no poder. Después de todo, era necesario que nos pusiéramos al día.

Tampoco faltaron nuestros concursos de papas fritas, que consistían en lograr ser el último en comerse una de las papas fritas que habíamos cocinado. Nunca se imaginarían los lugares a los que habíamos recurrido para esconderlas en todos nuestros años de competición. Al igual las otras veces, Jenny terminó ganando. Esta vez decidió guardar su última papa dentro de su vaso con té frío. Asqueroso. Pero ganó.

Miré el reloj. 11:11 pm, era hora de ir a dormir. Mañana era miércoles y era mi turno de ir a recoger los suministros al contenedor.

-¿Mamá?

-Aquí en el jardín hija

Me dirigí a la puerta que daba al patio trasero de la casa. La luz de la luna caía sobre los hombros de mi madre, quien estaba hincada y muy concentrada cortando hojas de una de sus plantas.

-Ven y me ayudas con la verbena

Me acerqué y puso en mis manos un par de tijeras podadoras, con las que me dispuse a cortar cuidadosamente algunos tallos de la planta. Estos tenían que dejarse secando al sol durante un día entero en condiciones normales, pero aquí en Manchester transcurría al menos una semana antes de lograr que las flores se secaran por completo. Después habría que hervirlas para poder extraer los componentes más importantes y finalmente, se mezcla la verbena con un poco de jengibre y miel de abeja, para obtener un jarabe de sabor terrible, pero muy eficaz contra la tos.

Permanecimos algunos minutos sin hablar, cortando tallos en silencio, hasta que volví a ver a mamá, quien tenía una sonrisa nostálgica

-Sabes, tú, junto Alex y con tu padre han sido de las mayores bendiciones que me ha dado la vida y estaré eternamente agradecida por ello.

-Gracias ma, sabes que también te quiero.

-Ahora ve a dormir, que mañana quiero que vuelvas temprano para que horneemos un delicioso pastel de arándanos.

-Sí mamá, buenas noches.

-Te quiero.

Además del enorme huerto con las plantas de mamá, también cosechamos todas las frutas y verduras que consumimos. Los restantes alimentos vienen del contenedor o es producto de intercambios con los vecinos.

Los arándanos por ejemplo, vienen del jardín de los Durán, una familia panameña que vive a unas cuantas calles de nosotros. Todos los jueves en la tarde se topan Alex y Jose Manuel en el parque del pueblo e intercambian una canasta de sus arándanos, por una bolsa de nuestras frambuesas. Los niños además, aprovechan y juegan un rato con la pelota, hasta que alguno de los padres se preocupa y los va a buscar para que se devuelvan a sus casas. En general, el pueblo es bastante seguro. De hecho, no se ha reportado ningún asalto o hurto como los que estuvieron tan de moda hace algunas décadas.

Después de cepillarme los dientes y tranzarme el cabello, me acuesto en la cama y pongo el reproductor de música en aleatorio y con una melancólica melodía en el piano, voy quedándome dormida con una sonrisa en mi rostro, porque mañana es mi día de la semana favorito.